Domingo 24 de Septiembre | 22:08 hs

TOROS PARA NIÑOS

Ecología, toros y niños

Para muchos, la ecología se basa en militar partidos o asociaciones donde unos estatutos indican el grado de implicación sobre la causa

Curiosamente, suelen ser en la mayoría de los casos, individuos que jamás han salido de la ciudad donde pacen y duermen, y presumen de ser a la vez, unos superhéroes que vienen a salvar al mundo sin que nadie se lo hayamos pedido.

Esta sociedad en la que nos toca vivir de prestado, se rige por unas conductas que cada vez nos alejan más del entorno natural que nos rodea, para concentrarnos en grandes urbes, muchas de las cuales antes fueron pequeños pueblos, aniquilando el verdadero significado del pasado del que venimos.

El peligro de esta situación reside en el modelo artificial de mundo que se pretende trasmitir a las futuras generaciones, hoy niños, donde el valor de lo auténtico se empieza a diluir.

Los huevos, dejan de venir de la gallina, para convertirse en un alimento que "sale" de unas bandejas dispuestas en estanterías del supermercado de turno. La carne, procede de un gran mostrador donde unas tarrinas plastificadas herméticamente evitan la más mínima coincidencia con la figura de terneros, cerdos o corderos.

La ecología verdadera es aquella que respeta nuestro pasado rural, más o menos cercano, y que valora a su vez el lugar que ocupa cada animal, árbol o metro cuadrado de monte, porque éstos son aprovechados de manera responsable para el beneficio colectivo. Un rebaño de vacas u ovejas que pasta en los bosques, no solo es rentable para su ganadero, sino que también es el mayor protector de ese ecosistema manteniéndolo limpio de maleza y pastos secos que pudieran ser auténtica dinamita en caso de incendio, por poner un ejemplo.

 

 

 


Un legítimo ganadero, de esos que han decido sacrificar toda su vida en vincular cada minuto de la misma en la cría de sus animales, comentaba que donde hay toros, nunca se verán bolsas de plástico. De manera más explícita, estas sabias palabras vienen a decir que donde pastan las reses bravas es un terreno vetado para que la mano del hombre se pasee arrasando y ensuciando cada metro a su paso.

Además, la cría del ganado de lidia se suele presentar en terrenos marginales para la agricultura, zonas pobres para los cultivos que son aprovechadas por la rusticidad de los animales.

Enlazando todos estos argumentos expuestos, se puede considerar que la cría del toro de lidia supone un beneficioso ejercicio de responsabilidad con el medio ambiente y rural. El toro ocupa millones de hectáreas de terreno en todo el mundo donde su sombra da cobijo a numerosas especies de todo tipo. Dehesas, montes, marismas, campos de secano, vegas... diferentes medios y altitudes donde el toro de lidia presume de ser el último animal criado por el hombre, al que la evolución de los tiempos, y la industria, no ha violado ni un ápice su lujosa estancia terrenal.

Además, su crianza supone un modelo único de manejo y de convivencia del hombre que lo cría con el medio que lo rodea. El uso del caballo, previa doma vaquera, para el trabajo diario en los cercados, resulta extraño en un mundo dónde la maquinaria ha finiquitado las caballerías de establos y cuadras. O vivir en medio de la naturaleza, a cientos de kilómetros del pueblo más cercano, se antoja caso extraño donde la población emigra a grandes urbes llena de todo tipo de servicios.

 

 



 

Pero lo más interesante es la lentitud con la que pasa el tiempo. En un mundo que cada vez se vuelve más sibarita y que demando lo slow, como un modo más sostenible y beneficioso para las personas (hoy una utopía) se desenvuelve una forma de vida donde el trabajo de los hombres y su día a día con los animales pasa despacio, sin prisas. No hay horarios ni calendario. Una faena dura el tiempo que es necesario hasta que se finaliza, y para ello el temple es herramienta indispensable para vivir.

Los niños deben de conocer el medio rural para después protegerlo. De allí venimos y allí están nuestras más profundas raíces, y el toro bravo es un gran anfitrión para que los más pequeños conozcan este espacio ecológico y cultural. De nada sirve en crear nuevas generaciones de médicos, abogados o economistas si no son capaces de conocer, siquiera, de dónde proceden los alimentos que se llevan a la boca.

Escrito por CULTORO

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