MEDELLÍN (COLOMBIA)

Olé, el musical

Colombo ha tenido un debut por todo lo alto en la feria de la Macarena; por su parte, Juan Bautista ha predicado su toreo para pasear un premio de máxima importancia.
domingo, 11 de febrero de 2018 · 01:00

TEXTO: LUCAS MORALES / FOTOGALERÍA: MIGUEL MORALES

SANTA BÁRBARA, así en mayúsculas, la ganadería de la casa, la que siempre cumple con honores, la que siempre nos regala las tardes más importantes, las que nos hace olvidar las fechas importantes del calendario, a la que no le importa si es 10 de febrero, o 13 de mayo. La que nos regaló toros importantes como Jinete, el inmortal Jinete de 510kg, marcado con el 540 indultado hace años por Cristobal Pardo. O como ese segundo Cocinero, la que viene y le dice a Medellín soy tuya porque tú eres mía. Si, esa. Vino a la Macarena con un encierro parejo en peso, muy bien presentada y con oportunidades para el triunfo.

Abrió plaza el francés Juan Bautista Jalabert con Chalan tal vez el que menos oportunidades de triunfo dio, pero con el que el galo hizo un toreo de paciencia y poder. Un toro noble que “por las buenas” era menos malo, por las malas no quería saber nada de lo que allí pasaba. Y fue así como la faena se estructuró a base de mimo y temple, de tandas ligadas a media altura sin exigirle a quien no quería que se le exigiera, de cadencia y constancia. Lastimosamente en el único momento que había que atacar con toda, no hubo suerte y el acero no hizo efecto oportuno y el francés se quedó con un cálido saludo desde el tercio. Con su segundo, Quitaluna, de quien se esperaba mucho desde el sorteo, Jalabert salió si o si a convalidar su presencia con orejas. Toreo inteligente ante un toro que recibió un puyazo fuerte y que se vino de menos a más, pero no de manera espontánea. Hoy más que un director de lidia, hubo un catedrático, un maestro, hubo una persona que se encargó de darle a todo el mundo su sitio. Al toro, a los de plata, al público, a su faena… a todo. La clave fue la inteligencia, la sapiencia, el saber mandar, el saber estar. Me podría extender hablando de sus tandas sentidas contrastadas con tandas eléctricas, de su bragueta y de su ebullición, de cómo toreo sin ayuda unas tres cuartas partes de la faena. Pero a ud, que me lee, le diré que hoy hubo un torero que enseñó que sin cabeza no se puede ser figura. Por la espada no cayeron dos orejas, al final sólo hubo una. Pero eso es lo de menos si se compara con la cátedra de como construir un toro que vimos hoy.

Esta empresa le dio la oportunidad a toreros de la ciudad de estar en su feria, muchos los vimos desde que eran becerristas quererse comer la plaza jugando a ser figuras. Vimos como fueron creciendo ellos y el volumen (y el sexo) de los animales a los que se enfrentaban. Es un privilegio ser testigos de primera manera de la evolución de ellos como toreros, y en casos particulares y afortunados, ver su evolución como personas. Por eso para muchos ver a Luis Miguel Castrillón anunciando, siempre traerá los recuerdos de esos primeros años donde los veíamos enfrentarse a vaquillas que se veían como verdaderos miuras. Pero no sólo se habla de ese romance evolutivo que da la edad, de su tamaño y el del toro y el contexto donde se torea. También es innegable su madurez como torero, la quietud y la despaciosidad al ejecutar las suertes. Con Chalan, ese toro que dejó estar y que se entregó, el torero local pudo implementar una faena de temple y tiempos, de derechazos y naturales al ralentí que hicieron presagiar algo importante, el mal uso de la espada y tal vez, de los tiempos y las circunstancias de la lidia, pudieron negarle trofeos de peso ante un toro importante. Con su segundo Hondero, vimos otra faceta del torero, una faceta donde me atrevería yo a decir que hizo falta decisión, confianza, ganas. Una faceta donde faltó dar un paso ante un toro que si bien no fue el mejor, a veces desbordó al que iba vestido de luces y lo dejaba sin ideas para resolver y poder así acompañar a sus compañeros en el contador de trofeos. Sin embargo y dejando a un lado las orejas hoy la tarde del paisa fue importante, dejó detalles, dejó su sello, dejó lo que es como torero y la gente se lo supo reconocer.

Cerrando el cartel estaba el venezolano Jesús Enrique Colombo, recientemente hecho matador de toros y eso lo pudimos ver en su primer toro. En su segundo toro, Corredor, el que cerraba la tarde, bajó dos cambios a la marcha, puso más cabeza que corazón y salió construir un triunfo que revalidara su presencia en la temporada de Medellín, ahora como matador. A Corredor le hizo una faena con cabeza, estructuró tandas bien concebidas por ambas manos que lo conectaron con los tendidos y pusieron a los tres cuartos de entrada de parte del torero. Del toro diremos que era cumplidor y obediente, fue a los engaños con codicia, con nobleza, le pudo haber faltado dos punticos de calidad para ser un toro de triunfo importante, pero que valió para el triunfo del venezolano que le cortó las 2 orejas.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Medellín, Colombia. Tercera de la Feria de la Macarena. Corrida de toros. 

Seis toros de Santa Bárbara. 

Juan Bautista, palmas y oreja. 

Luis Miguel Castrillón, silencio en ambos. 

Jesús Enrique Colombo, silencio y dos orejas. 

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