VALDEMORILLO (MADRID)

Juan Miguel sale a hombros en su alternativa y el buen concepto de Miguel de Pablo toca pelo

Se lidiaron toros de Guadalmena para Alberto Lamelas, Miguel de Pablo y Juan Miguel, que tomaba la alternativa, en la última de la Feria de San Blas y la Candelaria.
domingo, 11 de febrero de 2018 · 17:34

TEXTO: JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ-OLMEDO

Una corrida con el hierro de Guadalmena era la que cerraba la Feria de San Blas y la Candelaria de la localidad madrileña de Valdemorillo. En el cartel, Alberto Lamelas, Miguel de Pablo y Juan Miguel, que tomaba la alternativa. A las cinco y media en punto arrancaba el paseíllo. 

Plaza tenía el toro de la alternativa de Juan Miguel, un toro bien hecho y fuerte al que el toricantano recibió a la verónica con una evidente falta de fuerza, doliéndose muchísimo en banderillas el animal. Largo fue el discurso de Alberto Lamelas al nuevo matador de toros en el momento de la ceremonia, comenzando trasteo el madrileño domeñando al serio animal. Buena fue la serie por el pitón derecho que le recetó al animal en el inicio de trasteo, bajando la mano y manteniendo el cuerpo erguido en los muletazos. Impuso la fe Juan Miguel para despertar al frío tendido en un epílogo muleteril en cercanías y pasear, tras la suerte suprema, la primera oreja de su vida ya con la borla de matador. “Demente” llevaba por nombre el sexto y último toro de la tarde, al que Juan Miguel instrumentó un toreo entregado por ambas manos pero le faltaba entrega al astado. Descalzado, intentó ligar por el pitón izquierdo pero la condición andarina del de Guadalmena impedía la rotundidad en las tandas del toricantano. Tocó el pelo que le confirió la salida a hombros en el día de su alternativa.

A portagayola fue el saludo de Alberto Lamelas al primero de su lote, un animal también con plaza y bien hecho al que le sopló una larga cambiada de rodillas en el tercio para recibirlo. No terminaba de centrarse en el peto un animal que ya manseaba en ese tercio. Tras la devolución de trastos, la misma condición incómoda demostró un animal que no fue nada fácil. Se tuvo que sobreponer el jiennense al astado para, finalmente, escuchar palmas.  No pudo conectar Lamelas con el segundo de su lote, un animal deslucido que no humilló ni siquiera a la hora de la muerte suprema, esperando una barbaridad al torero en el último trance. No le ayudó nunca para el lucimiento. 

Firme fue el saludo del colmenareño Miguel de Pablo al tercero de la tarde, un astado muy serio de estampa, con sus kilos y su caja, al que con una larga de pie recibió el madrileño para proseguir por verónicas a pies juntos. Sorprendió su toreo, su capacidad y su forma de comenzar faena andándole con torería a un animal al que, posteriormente, le estructuró de forma pulcra y elegante su trasteo. Muy firme delante de la cara del toro, adueñándose en todo momento de las embestidas del animal con un toreo personalísimo especialmente por la mano zurda. Verticalidad y solemnidad dejó en las manoletinas finales. Espada en mano, Miguel de Pablo dejó un metisaca que cayó bajo y eso manchó el premio final. Una oreja paseó el pundonor del torero del quinto de la tarde, un animal al que le construyó pasajes para el recuerdo también precisamente al natural. Por la mano derecha dejó del mismo modo momentos de mano baja y encaje, mostrando una gran dimensión a las puertas de Madrid. A pesar del pinchazo, paseó un apéndice.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Valdemorillo, Madrid. Tercera de la feria de San Blas y la Candelaria. Corrida de toros. Más de media plaza. 

Seis toros de Guadalmena. 

Alberto Lamelas, palmas y silencio. 

Miguel de Pablo, ovación y oreja. 

Juan Miguel, que tomaba la alternativa, oreja y oreja. 

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