Domingo 17 de Diciembre | 05:24 hs

MARCO A. HIERRO
LA MÉXICO

Un entregado Saldívar cuaja al único Jaral con opciones

El mexicano cortó una oreja en tarde de afanes para Hermoso y Cayetano y de ambición sin premio para Valadez en su confirmación

MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: EMILIO MÉNDEZ

Confirmaba su alternativa en la Monumental Plaza de toros México en la noche de este domingo Leo Valadez. Lo hacía al lado de un figurón como Pablo Hermoso de Mendoza a caballo, trenzando junto a él el paseíllo Cayetano y Arturo Saldívar. Se lidiaban toros de Jaral de Peñas.

Con un solo rejón de castigo cambió el tercio Pablo Hermoso de Mendoza en el primer acto, en el que le costó mantener en pie al de Bernaldo de Quirós y tuvo que medir mucho el castigo e incluso la exigencia. Extraordinario fue el ajuste con Berlín al meterse por los adentros tras el toreo de costado, asemejando trincherazos tras el que cambió los trancos del hannoveriano para torear con los posteriores. Tremendo Pablo, que aprovechó así el celeo de un animal que carecía de raza. Eso permitió que le hiciese muy despacio la suerte al poner las cortas y al desplantarse con el teléfono, pero cayó perpendicular y trasero el rejón de muerte al segundo encuentro y debió conformarse el navarro con un ovación.

Con recortes genuflexos que pretendieron tener torería saludó Leo Valadez al toro de su confirmación en La México, un ejemplar vareado y bien musculado que le echó, sin embargo, la cara arriba en el percal para arruinar la brillantez del saludo. Acusó mucho las querencias el de Jaral de Peñas, que no mostró clase ni celo, tardeó en los cites del quite por chicuelinas de Valadez y hasta volvió ancas en el caballo. Muy complicado fue templar al descompuesto animal en la muleta, trapo que nunca quiso ver el de Jaral de Peñas, pero supo Valadez buscar la forma de encelarlo, que fue buscando ponerse delante de la huida del animal. Y no tuvo clase, volvió del revés y marcó las querencias, pero en los terrenos de chciqueros logró Leo arrancarle los pases y hasta dejar algún trincherazo de mucho mérito a favor de querencia. Mejor se centró el toro al natural, por donde también careció de clase, pero al menos tuvo más codicia y hasta humillación por momentos, siempre, claro está, a favor de tablas, que es donde estaban las querencias del manso. Inteligente anduvo el mexicano al cerrar la faena con bernadinas de valor y mucha transmisión, pero pinchó la labor y escuchó silencio.

Cayetano regresó a La México con un toro altiricón y montado al que le faltó fijeza en el capote del madrileño para permitir el lucimiento. Entrega fue lo que echó de menos Cayetano en el inicio de doblones al que le tuvo que imprimir elegancia Cayetano donde le faltaba al animal. Molestó mucho el viento, que convirtió en una banderola la muleta del español, aunque se inmutó poco un firme Cayetano ante la embestida en oleadas que tendía a arrollar del animal. Algo mejor la tomaba al natural, pero debía el torero ayudarse con el engaño por el molestísimo viento reinante, que imposibilitaba el toreo con algo más de libertad. Un pinchazo antes de la estocada tendida no propició que pasease trofeo alguno y debió escuchar un silencio.

Con una larga cambiada de rodillas en el tercio saludó Arturo Saldívar al geniudo y bien armado cuarto, toro alto y de veloz arrancada que le soltó dos coces al peto y a los capotes en los primeros tercios. Magnífico fue el inicio de muleta del mexicano, que aprovechó la movilidad y el temperamento del de Jaral para clavarse en los medios y encadenarle arrucinas de infarto con un cambio de mano monumental para abrir boca. Pleno de valor y de intensidad Arturo, que anduvo decidido e inteligente con un toro que no tenía en absoluto tanta franqueza. Ni un mohín, ni un ademán de desentenderse del tremendo compromiso de la tarde. Todo puesto en la muleta, todo volcado sobre la transmisión del animal, sobre el que puso Saldívar su tremenda capacidad y su seguridad pasmosa. Dos fueron las claves de un trasteo siempre intenso; la búsquedad del toreo por abajo y la entrega completa del mexicano. Una estocada dejó paso al paseo de una oreja. 

Con Barrabás paró Pablo Hermoso al cárdeno de Bernaldo de Quirós que hizo quinto, y le costó encelarlo tanto como partir el primer rejón, porque fue entonces cuando terminó por centrarse el bovino. Y con un sólo rejón cambió el tercio el de Estella, que salió con Disparate en banderillas para cambiarle los trancos con hermosinas y clavar muy al estribo. Esperó mucho el toro en los quiebros, y tuvo que llegarle mucho con su caballo estrella para encelarlo y lucir el tranco del equino. Salió el estellés con Donatelli para culminar con sus levantadas y giros el tercio de banderillas, en el que ya estaba muy aplomado el de Bernaldo de Quirós. Un rejonazo defectuoso permitió la ovación, pero no el paseo de ningún trofeo. 

Al sexto le pegó Cayetano dos largas cambiadas de pie que pretendieron ahondar un poco más en las condiciones física y anímica del animal, que no le respondió, sin embargo, como él pretendía.  También a este le inició la labor con la muleta con un manojo de doblones que le exigieron al toro y pusieron torería al inicio. Pero hubo poco más en la faena al de Jaral de Peñas, porque se quedó pronto sin opciones Cayetano y tuvo que poner fin a su actuación con una estocada defectuosa que no le permitió pasar del silencio.

El séptimo acto se abrió con un toro de digna seriedad ara La México pero que también exhibió una alarmante falta de entrega y un desentendimiento acusado en el primer tercio en el capote de Arturo Saldívar. Tanto que regateó y trató de eludir la vara en el penco. Muy distraído se comportó en las navarras que intentó Valadez y que tuvo que desistir de abrochar el mexicano. Y se afanó Arturo con la muleta para esperarlo y trazar con ligereza sin que le tropezase en absoluto el animal. Le respetó la distancia, le conquistó el terreno y fue cogiendo el pulso con precisión para trenzar las series a penas con u   giro de talones. Gazapón el de Jaral, temperamental cuando acometía con genio y rajado cuando comprendió que no podía ganar la batalla, siempre con la cara por las nubes. Pinchó en varias ocasiones y escuchó silencio.

Cuando salió el cierraplaza ya habían abandonado su localidad muchos espectadores, que sucumbieron al frío reinante para dejar más frío aún el ambiente en La México cuando se abrió de Capa Leo Valadez. Por eso quitó por zapopinas el de Aguascalientes, que buscó el calor entre el gélido viento que soplaba inclemente. Y lo que tuviera dentro el animal lo quiso Leo pronto y en la mano, para que no le ocurriese lo que a sus compañeros con los hermanos de camada. Encontró bien la altura precisa y le supo perder pasos para fomentarle la repetición y lograr la tan necesaria ligazón. Anduvo firme y sin dudas Leo, estructurando con mucho sentido y buscando siempre la variedad, pero le faltó enemigo para que rompiese la faena. 

FICHA DEL FESTEJO

Monumental Plaza de toros México. Temporada Grande. Corrida de toros. Algo más de tres cuartos de entrada.

Seis toros de Jaral de Peñas y dos para rejones de Bernaldo de Quirós, primero y quinto. De nobleza sin raza ni empuje el primero; desordenado y manso el aquerenciado segundo; sin fijeza ni entrega el mansurrón tercero; de gran transmisión y movilidad sin clase el cuarto, premiado con arrastre lento; de más voluntad que poder el aplomado quinto; mansurrón y sin entrega el sexto; deslucido y sin clase alguna el séptimo; de movilidad descompuesta el octavo.

Pablo Hermoso de Mendoza: ovación y ovación.

Cayetano (tabaco y oro): silencio y silencio.

Arturo Saldívar (azul noche y plata): oreja tras aviso y silencio tras aviso.

Leo Valadez, que confirmaba alternativa (blanco y plata): silencio y silencio.

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