Jueves 19 de Enero | 21:06 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE SANTANDER

Dos vidas en un segundo

El Cid indulta un Adolfo del completo y gran encierro con el que un templadísimo Perera mereció más y Talavnte enlotó los dos únicos que no dieron opción alguna

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Dos vidas en un segundo
MARCO A. HIERRO

De la historia a la liviandad mediaba un segundo. Fue el tiempo que tardó el presidente de Cuatro Caminos en sacar el pañuelo naranja que metía esta tarde lluviosa en los anales del toreo. Cuando concluía un mes de julio marcado por la sangre y el drama, el moquero hippy que asomó en el palco otorgó dos vidas en un segundo: la de Madroñito y la de El Cid.

Para la historia quedará, dicho está, el primer indulto en este ruedo, que fue de un Adolfo la tarde en que las figuras se apuntaron a su sombra. Fue Madroñito toro de extraordinaria humillación, franco galope, brava actitud e importante desliz enclasado. Fue el de Adolfo toro de soñar el toreo por abajo, donde se adormecen los exaltados y todo parece más lento. Fue toro de triunfo y medio. De dos vueltas al ruedo, si me apuran, pero no de indulto. Al menos, por lo que se vio. Porque le dieron fuerte en las dos varas que tomó en la media distancia, pero se dejó pegar sin apretar al piquero. Porque derrochó boyantía en la muleta de El Cid, pero nunca le apretó Manuel para que mostrase el fondo –y puede que lo tuviese-. Porque siguió embistiendo hasta el final sin olvidar la fijeza, pero salió levantando la gaita al final de los finales, cuando ya buscaba Manuel árnica para su situación. La suya fue la segunda vida que se otorgó ese segundo.

Porque llegaba El Cid entre protestas a una plaza donde se hizo valer su peña, buscando el triunfo imperioso que lo llevase de nuevo al toro. Mucho tiempo parado llevaba Manuel en casa, y no tiene costumbre desde hace ya muchos años. Le pesaba al de Salteras el recuerdo de Madrid y aquella tarde de gris olvido. Otro gris le esperaba en Santander para darse la vida en un segundo y volver a caminar. Encaderado Manuel, compuesto con el de Adolfo, resto para acompañar la embestida, suave para trazarle rectas, listo para manejar los tiempos y enorme para dibujar pectorales. Bello fue el toreo de El Cid con Madroñito, mas no profundo. Y aún así, salió triunfador de la feria. Pero estuvo mejor con el malo, el que repuso y miró, el que hizo radiografías y le buscó el calcañar. Con ese se vistió de esfuerzo, apretó un diente con otro y le salió la raza torera que es más difícil perder. Porque tiene el culo pelao de vérselas con los grises y es mal premio este banquillo para una carrera de honor.

Honorable fue hoy Perera para dejar sobre arena marrón el toreo más templado, más lento y de más contenido que se ha visto en esta feria. Todo lo hizo despacio, todo con armonía, con suavidad, con mimo. Acarició Miguel Ángel con dulzura ralentizada la humillada arrancada del segundo, que no terminó de romper, pero sí le enseñó el fondo. Perfecto al natural, enganchando con precisión de reloj suizo, ganando el paso o perdiéndolo según buscase la distancia, ligando siempre el toreo trazando con profundidad. Y el cénit llegó con el quinto, que sólo tuvo un pitón para exprimir con franqueza. Le vio el extremeño el empeño en perseguir más vuelo que fleco y desnudó de armas la diestra para morir de sentir. Hundido, enterrado, descargado el peso sobre las caderas, latiendo naturales diestros con el toro gris caminando con intención. Mereció más, mucho más la hondura de Perera con la corrida de Adolfo, que era al menos de oreja y oreja en cualquier plaza del orbe, pero ni un pañuelo asomó.

Como no le asomaron a Talavante por irse de la feria sin una media arrancada a la que llamar patria. Simplón y aborregado el que hizo tercero; mirón, sordo y a la caza el orientado cierraplaza. Con ambos intentó el toreo para que no cayera en hueco su gesto de lidiar en gris. Pero no hay divinidad ni humano que logre obtener más que él con el lote que enlotó.

Porque ya se había cumplido el destino escrito para hoy, cuando se otorgaban dos vidas en un miserable segundo: Madriñito se iba a padrear en el indulto más rápido que vieron los siglos. El Cid regresaba a Sevilla dando gracias al cielo por coger esta sustitución. Y, de estar muerto, a irse de parranda.

 

 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Santander. Séptima y última de la Feria de Santiago. Corrida de toros. Tres cuartos de entrada. 

Seis toros de Adolfo Martín, bien presentados, variados de juego, distintos de tipo pero con cuatro toros aprovechables para el triunfo. El primero, Madroñito de nombre, indultado.

Manuel Jesús "El Cid” (sangre de toro  y azabache), indulto y ovación

Miguel Ángel Perera (celeste y oro), ovación  y ovación

Alejandro Talavante (sangre de toro y oro), ovación y silencio

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