Jueves 24 de Agosto | 00:24 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE SANTANDER

Locos por incordiar

Bautista abre la puerta grande con una actuación desigual, a David Mora le mangan una oreja y la entrega de Gonzalo Caballero lo saca por la enfermería tras una arrojada actuación con muletazos buenos

MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: CARLOS MILLET 

Los tendidos a medias cuando se asoma la gaita por el túnel de cuadrillas no deben ser la mejor vista cuando tiene uno la intención de jugarse la vida porque lo siente y de salir en volandas porque no le queda más remedio. Al que se gana los contratos día a día, al que le sale del cuero la repetición y al que le llega tal vez por sorpresa la oportunidad no les queda otra que hacer diana con la bala, porque nunca saben cuándo volverán a tener otra igual. Por eso están, como decía el maestro Rosendo, locos por incordiar. Y, de tanto intentarlo, les resbala por el pecho el sudor de su frente, y se aferran al cartel aunque no lo quiera nadie, aunque no conozca ni su nombre el que calienta la piedra con el culo y viene a los toros hoy porque no pudo colocar el abono.

Contra esa realidad –que no por ser errónea deja de ser cierta- luchaban hoy por incordiar tres toreros con hambre para que la saciaran los de Joselito; hambre de orejas y triunfo el galo Juan Bautista, el único que cumplía su objetivo, aunque fuera con toro prestado por el que con sangre pagó; hambre de reivindicarse un David Mora al que maltratan las empresas que se olvidan de su calvario, de su lucha y del puesto que ocupaba en esto cuando llegó el cornalón; hambre a secas Gonzalo Caballero, que anda loco por ver un pitón para tirarse encima si no lo puede torear. Hoy hizo las dos cosas, pero le restó un toro su valeroso afán por no guardarse nunca nada. Ni la vida si le apuran.

Loco está por incordiar, como el de la canción de Rosendo, el chaval de mirada profunda y firme determinación que hoy se empeñó en torear para enseñar su otra cara. La echó con fe Caballero cuando la cogió con la zurda, trazó con la muñeca, con el pecho y la cintura para irse tras el triunfo que veía al vaciar. Ese tercero astifino, el menos de la corrida, le negó la humillación y la clase, pero le dio movilidad. Al menos hasta que lo exprimió el madrileño, siempre valeroso, siempre arrojado, siempre empeñado en torear para no tener que morir. Suyo había sido el trazo de delicada zocata que levantó al graderío para proyectar su voz. Suya la estructura acertada de toque para fijar, muñeca para dibujar sin prisa y cintura para ponerle gusto y compás a dos tandas de cante grande. Y suya la forma de tirarse a matar o morir que por dos veces dio con sus huesos camino de la enfermería. Y ni un pañuelo asomó en el tendido porque quedó sobrecogido Cuatro Caminos por lo aparatoso de los percances.

Loco está por incordiar el que descabelló ese toro, que le cortaba luego una oreja al mejor de la corrida –y quizá de la feria- en una faena interior que tal vez no comprendió quien sólo vio la falta de conjunción, pero que sacó el toreo de la chistera cuando parecía que no iba a valer el exigente sexto. Dos caras ofreció Juan Bautista, loco por incordiar en los carteles, pero también presa de su propia irregularidad que hoy le restó redondez a su tarde. Brusco en el toque al cuarto cuando le demandaba mimo, supo aplicarle al sexto la firmeza que le pedía; inconexo y desestructurado con el cuarto –al que le pegó muletazos de gran belleza y mérito sin hilazón-, fue todo armonía y ligazón mientras le permitió el sexto vaciar los finales largos en el centro del ruedo. Con los dos anduvo loco por incordiar para ver su nombre en los carteles, pero se comprendió más con el sexto porque habló el idioma universal.

El mismo que usó David Mora para dejarle al segundo siete verónicas y media de máxima cadencia, compás y mimo. Le ganó el paso el manchego, y la voluntad para que repitiese el feo jabonero de El Tajo, que sólo pulió defectos –nunca los corrigió- cuando le trazó Mora seguro, le aplicó el doble toque, le pulseó la arrancada y lo embarcó con fe. Loco por incordiar está también David desde que volvió del limbo, transformando en virtud las carencias que le dejó el largo parón. Tiene tanto relajo, tanta parsimonia y tanta paciencia que hasta se permitió el lujo de torear a uno por hora la caminata bobalicona del quinto toro simplón. Sin virtudes, sin entrega, sin fondo, sin emoción. Levantaba los brazos David al saludar la ovación, cariacontecido el gesto. Habrá que volver a ponerlo para que haya ocasión mejor. Y para que se redima el palco del mangazo claro de la oreja del segundo.

Esto les ocurre mucho a los que buscan incordiar, pero es que su pan se sirve sobre las ascuas ardientes. Por eso valoran el triunfo, viven del día a día y disfrutan los contratos. No en vano les cuesta ganarlos a base de mucho incordiar.

 


FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Cuatro Caminos, Santander. Sexta de Feria. Corrida de toros. Media entrada.

Seis toros de El Tajo y La Reina, desiguales de remate pero correctos de presencia. Destacó el buen cuarto.

Juan Bautista (tabaco claro y oro): silencio, oreja y oreja en el que mató por Caballero. 

David Mora (turquesa y oro): vuelta al ruedo y ovación. 

Gonzalo Caballero (canela y oro): herido. 

 

PARTE MÉDICO de Gonzalo Caballero

Traumatismo por asta de toro en la extremidad inferior derecha cara interna con un trayecto de 10-12 cm que interesa espacio subcutáneo y aponeurosis muscular.

Tras la realización de hemostasia y limpieza se sutura la herida dejando un drenaje.

Asimismo herida incisa en la cara anterior del quinto dedo de la mano izquierda que se sutura.

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