Miércoles 16 de Agosto | 18:35 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE SANTANDER

Un pescozón al futuro

La garra de Alejandro Marcos y la actitud de Luis David Adame cortan una oreja de una desrazada novillada de José Cruz con la que destaca la serenidad de Rafael González en su segunda novillada

MARCO A. HIERRO FOTOGALERÍA: CARLOS MILET

"¿De qué te acuerdas?”, me preguntaba a la salida de los toros uno de los muchos amigos que te encuentras en Santander en la semana de feria. Me costó contestar algo positivo. Porque, vista en conjunto, la novillada de la feria de Santiago resultó un pescozón en toda regla a la línea de flotación del futuro más inmediato. Y eso, con la que está cayendo, resta más que suma en el haber de la fiesta.

Pescozón, digo bien, que es como se llama en Salamanca a la colleja ejecutada con saña, que no hiere tanto en el cuero como en la moral, en la dignidad y en el orgullo. Un collejón en el pescuezo fue la novillada sin raza, sin fijeza, sin celo, sin entrega y sin bravura que le sacó los colores a ese gran aficionado que es Rafa Iribarren y que bastante tendrá él con que le hayan fallado los utreros en el escaparate mejor. Aún así, el pescozón está pegado.

Se lo pegaron a un Alejandro Marcos que no termina de encontrar el poso que lo situó entre los focos porque le pueden las urgencias de no verse más en la pomada. La oreja que le paseó al primero, a base de actitud, de entrega y de no tener otro remedio poco tiene que ver con la que se llevaba el pasado año de este ruedo por ser el adalid del recio temple castellano que nunca pasará de moda. La echó al morro con la mano izquierda para dejarle dos naturales de maravilloso trazo; el percal abajo para torear el medio viaje en el saludo; la búsqueda constante de la colocación en la cara. Y, como sabe torear y tiene innata la condición, fue capaz de tocar pelo como mal menor, pero no es este el novillero que enamoró a Salamanca, que me lo han cambiado. Porque pesa la urgencia, la presión y el miedo de no volver a pasar miedo. Aunque recibiese el primero el pescozón de José Cruz.

Otro se llevó Adame con el aburrido segundo, que lo fue tanto como para aburrir también al novillero del que todo el mundo habla y que no apareció hasta el quinto acto. Fue entonces cuando comprendió Adame que le quedan sólo meses para aprender a gestionar los pescozones, que serán menores ahora, que no pelea con los gallos. Cuando se vaya septiembre y lo inflen a cuatreños sabrá que hay que medir las zapopinas más de lo que lo hizo con el huidizo quinto para no correr tras su mansedumbre por el tostado albero. Sabe ya que los medios viajes se palían con distancias e inercias, con muletas retrasadas cuando ya no anda el bou, y sabe que la voluntad es inquebrantable, pero el enemigo no, por eso tiene que adaptarse a la burra mansa que le intenta el pescozón. Y hoy le arrancó una oreja, pero dejó más dudas que en su actuación en Pamplona.

Porque fue el tapado, el que apenas lleva en esto cuatro novillos liquidados, el que se asentó sobre las plantas, meció el capotillo por debajo de la cintura, echó abajo el pico de la muleta y tiró con ralentí del cuarto de arrancada que tuvieron sus dos novillos. "Y este González, ¿quién es?”, preguntaban por el tendido aficionados y profesionales. González es un toledano menudo y flaco que se asentó sobre Cuatro Caminos con el temple, la pausa, la serenidad y la parsimonia de quien lleva media vida pensando ante un pitón. Rafa se llevó, además, al sexto, ese utrero escurrido y sin trapío que le sacó mala leche para ponerle el pitón en la cara y patearle el resto del cuerpo cuando ya parecía que la tarde sonaba a fin. Un pescozón se llevó también el coleta toledano, que se fue, sin embargo, acaparando la atención. "No sé quién será el chaval, ni de dónde habrá salido”, decían al final los que preguntaban su ascendencia, "pero a mí me quedan ganas de volverlo a ver más veces”.

Y ese fue, a última hora, el argumento esperanzador que mitigó el pescozón. Porque pueden los tres de hoy ser quien decidan en esto, poniendo ante cada uno la circunstancia adecuada. Estrellarlos con lo de hoy es y será un pescozón. Y el futuro no perdona bien las afrentas.

 


FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Cuatro Caminos, Santander. Cuarta de la Feria de Santiago. Novillada con picadores. Media entrada en los tendidos.

Seis novillos de José Cruz, dispares de presencia y muy bajos de raza en general.

Alejandro Marcos (rosa y plata),  oreja y ovación

Luis David Adame (celeste y oro), ovación y oreja

Rafael González (sangre de toro y oro), ovación y ovación

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