Lunes 21 de Agosto | 11:10 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE MADRID

El senescal del secreto

Morenito de Aranda pasea su enésima oreja en Madrid la tarde en que la corrida de El Ventorrillo examinó con dureza a Román y dejó fuera del aula a un inédito Eugenio de Mora

MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

Lo conoce, sí, pero no lo contará. Es el senescal del secreto que seduce irremisiblemente a la plaza de Las Ventas incluso cuando la tarde se viene del revés. Hoy, ante 15.000 almas tan aburridas como el desfile de mansos que llegó de Robledo de los Osillos, Morenito de Aranda lo volvió a hacer. 

Sólo uno de los seis toros serios del envío de San Román guardaba el maná del pueblo en el fondo del baúl burraco que asemejaba su caja. Alto, montado, engallado incluso hasta que llegó a la muleta, serio como el dogma de la Santísima Trinidad. Sólo uno de ellos, ese Ventorrillo con dos perchas para colgar hule y triunfo, le sirvió a Jesús Martínez para decir el secreto mientras se regodeaba Madrid en su conspicua sapiencia ovacionando los despojos de un emotivo corredor. Es verdad que humilló, sí, en tres o cuatro ocasiones que alborotaron las barrigas para cantar lo olés del que toreaba en la arena. Y ese era Jesús. 

Y ese Jesús milagrero que se apoda Morenito fue el senescal del secreto que convirtió en Ribera del Duero el agua de fregar que traía Cetrero en las revoltosas reposiciones que le arrancaron el capote. Porque tuvo paciencia, fue listo y recordó que en Madrid siempre se muere por abajo, todo ello en ese orden. Por eso cuando se encamaba el sol y la luz se volvía amarilla se atornilló a los medios, citó de lejos al burraco corredor y se preparó para poner en práctica la ejecución del secreto. Y allí, encajado de mente y riñón, escuchó cómo se arrancaban las palmas de los custodios de la fe nada más que el galope alegre de Cetrero se hizo presente en el ruedo. Necesitaba inercia, Jesús lo sabía. Necesitaba líneas que parecieran curvas para preservar su motor, y se las dio sin aspavientos, desmayando la figura, descargando el brazo junto a la pierna para que volase bajo el trapo, pero sin obligación, sin frenar esa carrera emotiva por la que se derrama Madrid. Uno, dos, tres y el de pecho. En ese ya le costaba pasar adelante en el embroque porque se había dejado la inercia dos muletazos atrás. Y el senescal lo sabía.

Como sabía que era pronto y por un sólo pitón por donde se escondía el premio. Y la muleta dibujó suave por la arena de los medios, generoso en la distancia para que vieran el tranco y para que cogiese inercia, porque sin ella no hubiera durado ni un suspiro ni dos. Y cuando las series ligadas y a compás llegaban a su remate, el secreto de Madrid volvía a morir por abajo en una firma inmensa, un cambio de mano lento, un trincherazo gracioso. Pero todo por abajo. Porque allí, donde duermen los desheredados y se sepultan los necios, tiene el secreto Las Ventas que guarda este senescal. Y otra oreja paseó el Moreno que ya pueden protestar, tengan razón o no con el asunto del pinchazo. Porque el toreo es para listos, y jamás se supo de un tonto que llegase a hacerse rico.

No sé si se hará Román, al que le faltan trienios para conocer el secreto y tiene que tirar de bragueta para solucionar su pan. Y ahí, en la bragueta, también se esconde otro arcano de los que gusta en Madrid, pero es que de puro obvio ya comienza a sentar mal. Y no es que fallara Román en el planteamiento expuesto, porque al pechugón rabiosillo que le echaron sexto le puso el güevo encima sin pensar en su arremetida en bloque, en su topar yendo con todo y en su forma de arrollar medio humillada que lo sorprendió una vez y se lo echó a los lomos. Tiene valor, cierto es, pero no lo es menos que ya busca Madrid el toreo en el que ya ha visto valeroso. Y no entenderá el tendido que hoy no era el día, pese a haber visto bien de cerca al manso y al del embestir pechudo que el valenciano enlotó. 

Y, hablando de lotes malos, lo de Eugenio de Mora hoy no permite comparación. Mira que es difícil que no pasee algún trofeo uno de los toreros más seguros en este ruedo, senescal también del secreto de Madrid. Pero se fue inédito el toledano después de andar mucho rato en la cara del gazapón primero y de desesperarse después con la podrida mansedumbre de ese cuarto sin casta. Con ese y con el tercero podría tirarse una carreta para fardar en El Rocío de llegar cargados por toros. Puestos a la extravagancia, mejor ladrillero rico que ganadero tan pobre...

Porque fue muy pobre el balance del encierro de Fidel, y sólo el senescal del secreto logró que le ovacionasen un toro. Raro es en esa casa que se críen tantos bueyes de los que tiran carretas cuando viajan a El Rocío, porque todo el mundo sabe que les tira mucho más el ambientazo de Marbella.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. Segunda de la Feria de San Isidro. Corrida de toros. 14.019 espectadores. 

Seis toros de El Ventorrillo, serios y con trapío, desiguales de hechuras. Manso, gazapón y sin clase el deslucido primero; de buena calidad y escasa raza el desfondado segundo; manso de carretas el descompuesto tercero; sin raza ni para arrancarse el cuarto; de emotivo pitón derecho el alegre quinto; atolondrado y sin clase el pechugón sexto.

Eugenio de Mora (purísima y oro): silencio tras dos avisos y silencio. 

Morenito de Aranda (grosella y oro): ovación tras aviso y oreja. 

Román (nazareno y oro): palmas y silencio tras aviso. 

Saludaron montera en mano Jarocho y Pascual Mellinas tras banderillear al segundo y Zamorano y de nuevo Mellinas tras parear al quinto.


 

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