Martes 25 de Abril | 17:33 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

La delgada línea roja

Sólo una ovación para El Cid con un toro de triunfo, cuatro naturales excelsos de Abellán y una tarde para el olvido de Uceda.

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La delgada línea roja
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MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

Andan a vueltas en la campaña electoral con el asunto de las líneas rojas. Las que dicen que no se deben cruzar dentro del seno de los partidos –supongo que será algo así como que entre bomberos está feo que se pisen la manguera-. Tan distinto su discurso del que prima en el toreo que en éste cuando no eres gran cosa es cuando no traspasas la línea roja. Muchos toreros ha habido a lo largo de la historia que navegaron en la profesión sin atisbar siquiera eso que llaman la vía del tren. Muchos, ya digo, pero me cuesta más acordarme de sus nombres que del de aquellos que, cruzándola sin una duda, escribieron su nombre en el firmamento taurino.

Así, comparando a la política con el toro, se nos fue una tarde mutilada de emoción porque nadie vio la línea, nadie la sintió o nadie tuvo pelotas para echar la pata adelante y que fuera lo que dios quisiera. Sólo el de blanco y plata, de los tres el más capaz, se acercó a las inmediaciones cuando le dio zurda al quinto, pero el silencio final no habló mucho en su favor. Sabe Miguel cruzar esa línea, que es tan fina a veces como kilométrica por lo general. Sabe –dicho está- que sólo traspasando esa frontera se llega al corazón de Madrid. A la retina es más fácil, porque muy ciego hay que estar –y muchos lo están aquí- para no ver lo evidente, pero el poso del trapo al morro, la muleta muerta, el toque suave y la mano firme hasta el final del esfuerzo bovino… Eso hay que repetirlo más para que cale más en una tarde.

Cierto es que no fue su único mérito. Antes había buscado la línea Abellán buscándole el pulso a diestras al que lo tenía como un reloj, y le ligó un par de series de pecho enfrontilado en cites, perfecto embarque en la bamba y cintura acompañante del largo trazo humillado. Despertó por momentos Madrid del gris letargo que adormecía la tarde, pero la tizona endeble no terminó la labor. Ni fue todo tan sólido en el fondo, porque ni una ovación siquiera pudo llevarse Miguel.

La saludó El Cid en el tercero después de hacer un esfuerzo para permanecer en pie. Ya no hay líneas que a Manuel le resulten sencillas, porque quiere mirar al otro lado sin atreverse a cruzar. Lo tuvo en la mano el de Salteras cuando le sacó el tercero fondo y profundidad. Ya no está Manuel para estos bretes, porque se siente a gusto en la línea, pero en la del carril del animal. Y le deja ir a su aire, desarrollar su viaje y mostrar su condición, pero no les rasca el fondo porque eso implica gobierno, el gobierno, exigencia, y la exigencia una protesta por parte de uno de gris que convenía no enfadar. Tampoco tenía sentido, porque le consiente Madrid a Manuel lo que no le tolera a nadie, y la tremenda irregularidad del trasteo –coronado con una espada en el sótano- casi la premia el tendido con una oreja que se pidió. ¡Válgame la Virgen Pura!

Esa debió ser la expresión que utilizó Uceda Leal cuando el primero llegó a la muleta. Reservón, desentendido y merodeador, decidió el madrileño que ese no lo iba a coger y tiró por la calle de en medio. Y en el medio halló la bronca del que quería un rato más de tedio en tono gris y verde hoja. Ya se había venido el tinglado al piso cuando le hizo pasar un ratito el esmirriado cuarto. Para que se acuerde siempre de esta corrida en Madrid. Y de aquí fue Ignacio un consentido…

Todo sin cruzar la línea. Todo sin llegar a ese cénit donde llega la emoción. Todo sin atender a ilusiones y esperanzas que depositaban en este viernes quienes colgaron el cartel de que no había ni una entrada más. Cosas de pasar la línea, que cuando no lo haces luego no hay recompensa. No la hay muchas veces incluso cuando se cruza…

 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Feria de San Isidro, vigesimooctava de abono. Corrida de toros. No hay billetes.

Toros de Victorino Martín, correctos de presencia excepto el escurrido cuarto. Reservón, manso y merodeador el primero; de reponedor viaje corto el gazapón segundo; humillado y profundo en el viaje corto el buen tercero; tobillero y gazapón el manejable cuarto; humillado a diestras e informal a zurdas el buen quinto; mirón y sin entrega el zorrón sexto.

Uceda Leal (verde hoja y oro): bronca y silencio.

Miguel Abellán (blanco y plata): Silencio y silencio.

El Cid (verde botella y oro): Ovación y silencio.

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