Sábado 25 de Marzo | 06:42 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

Hueco de resaca

Una corrida de Cuadri manejable pero insulsa no da argumentos suficientes a una terna con suerte desigual.

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Hueco de resaca
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MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

Lo malo que tienen las borracheras, ya sean de toreo o de Jack Daniel’s, es que al día siguiente te quieres morir. Pero lo peor es luego, cuando se pasa el efecto, se equilibra el estado y te invade una sensación de apatía y de profundo vacío. El hueco de la resaca, que es esa mezcla de ansia por volver a beber y desazón por no tolerar el alcohol. Vacío. Así es como te deja el hueco de la resaca cuando te la pegas monumental.

Pero ya no estaba Manzanares con la mano izquierda, ni Dalia empujando trapo, ni López Simón apostando cuero, ni victorianos morrando. Hubo una corrida de Cuadri que salió rentable a la canal, manejable en vivo y aburrida en sensaciones. Seis toros espesos, con más o menos movilidad, que ni poder tuvieron para desarrollar maldad. Mal comienzo y mal final para una tarde de tendido hueco, dormilón y frío que no les daría calor a tres tíos con la urgencia presta.

Si nunca es fácil pisar Madrid, me imagino cómo será hacerlo en un día como hoy, cuando aún resuenan los ecos del borracherón de ayer, cuando pesa el mes de toros que se han echado al coleto, cuando pesa hasta la mano que sostiene el pañuelo y se siente el gancho para levantarse y volverse a sentar entre toro y toro sin ver un alamar paseando anillo. Dramático, pero cierto. Y así se liaron el capote Encabo, Robleño y Pinar cuando el calor abochornaba Madrid.

A Luismi, con canas de cuatro décadas y dos cumplidas hoy de matar toros, le sobra experiencia para saber que no son sus dos de hoy los que te deben coger, pero le faltó ambición para que pareciera que les daba opción. Hueco de resaca fue su tarde. Metió en vereda al simplón primero para luego navegar entre la medianía, y le perdió pases al cuarto para que pasase y pasase sin un atisbo de emoción. Lo del acero, horrible. Para no ganarse la vida ejerciendo de afilador.

También hueco se quedó Robleño por no matar a su lote como era su intención. Vuelve a firmar esta feria dos actuaciones impecables con cuatro gallifantes en mulo que ni espíritu tuvieron para que sacase la raza un torero que hoy fue de gusto. Gusto a medias, dado el material impuesto, pero gusto al fin y al cabo que se fue al limbo junto con dos toros pasadores, sin gracia, sin entrega y sin perrito que les ladre, que fueron manejables, sí, pero que también le pusieron un pitón en el sobaco sin más guasa que ese mal gesto. Hueco de resaca encontró el madrileño en el fondo de los de Cuadri, pero también en el tendido, que tal vez hubiese reconocido un poco más de no marrar con la espada.

Y, entretanto, Pinar, que tiró de ilusión y raza a partir del oficio aprendido. Al humillador tercero, que se resbaló sin entrega en la excelsa brega de Javier Ambel, le supo robar repeticiones, azuzar la voluntad y asentar talones para ligarle los pases. Estructuró bien, tocó con precisión y trazó con pulcritud, tal vez demasiado firme, pero enrazado y dispuesto. Una ovación fue su premio antes de meterle mano al cierraplaza, que ni fue peor, ni mejor, ni todo lo contrario. Fue hueco de resaca de quienes habían visto el toreo el día anterior, que digirieron mal la mortadela que permitieron seis armarios.

Hueco de resaca fue la nobleza pastueña de un encierro poco en Cuadri que no te cuenta la historia de ningún toro triunfador. Hueco de resaca y de gintónic de ayer derramado por el tendido al no encontrar excusa alguna para no recordar el sueño. La vida da que quedan tres tardes.

 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Feria de San Isidro, vigesimoséptima de abono. Más de dos tercios.

Toros de Herederos de Celestino Cuadri, imponentes de caja y justos de cara. Aplomado y deslucido el basto primero; pasador sin gracia ni clase el segundo; noble por el pitón izquierdo un tercero que humilló; espeso y simplón el obediente cuarto; pasador sin entrega y a menos el vulgar quinto; manejable y repetidor sin clase el sexto. 

Luis Miguel Encabo (rosa y oro): Silencio tras aviso y pitos tras aviso. 

Fernando Robleño (blanco y plata): silencio y silencio. 

Rubén Pinar (grana y oro): ovación y palmas. 

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