Jueves 19 de Octubre | 02:58 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

El señor de las bestias

Rafaelillo da una clamorosa vuelta al ruedo con una corrida de Adolfo con dos toros notables en la que Castella saludó una ovación y Escribano se marchó en silencio

MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

"¿Cuánto debes, Rafa…?” La frase, que no por espontánea dejó de tener su miga, se le escapó a la profunda admiración de una señora a mi espalda viendo a un murciano menudo y paticorto jugarse el cuero sin trampa para lidiar a una prenda gris. Y tenía razón la señora; para pisar ese sitio, en ese momento y delante del morro de rata, o se es un tío con todas las letras o se debe mucha pasta.

No tiene pinta de deber un chavo ese tipo sonriente, un punto resignado y otro feliz por hacer lo que hace. No tiene pinta de deberle nada a nadie, pero de gallardo, valeroso y consciente de cuanto sucede en sus dominios lo tiene todo.Es el señor de las bestias el murciano listo y cabal, al que se le enciende la bombilla donde a los demás se les hace de noche. Hoy, viendo su pelea sincera, su cuerpo a cuerpo con el cuarto, que no valía más que la tabla que anunciaba su nombre, a la señora se le vino a la mente la pregunta con admiración."¿Cuánto debes, Rafa…?”.

Es más bien Madrid quien le debe al murciano un ratito de gloria completa. Él, por su parte, ya ha demostrado con creces que disfruta en este ruedo con los que buscan las cosquillas, que sabe darle fiesta y lidia al que llega del revés y que conoce a las bestias grises cual si fuera su señor. Desde el saludo que envió lejos con la capa el geniudo brío del cuarto fue creciendo Rafael al transcurrir la faena. Corto se quedaba el bicho, reponiendo en los tobillos, radiografiando el terno en cada cite hasta no dejar nunca de saber dónde paraba. Brega por debajo de entrar y salir, de ofrecer la sarga presta y quitarla a voluntad, de enseñarla por la espalda, cuadrar la mirada del Adolfo y sacarla por delante para tocar y tirar, tocar y tirar. Y tanto y tan bien tocó que terminó cosiendo naturales sueltos a la prenda de Albaserrada, que se los tragaba enteros aunque se negase a repetir.

Meritorio lo de Rafael, que no es el primer gris que despacha en el ruedo grande después de que no apostase nadie. Él apostó a la oreja que se quedó en el pinchazo, pero la vuelta al ruedo supo a sinceridad. Con estos que mueven las orejas es Rafael, el de Murcia, el señor de las bestias.

Señor fue de la plaza entera Sebastián Castella el pasado año, porque supo conectar su propuesta al toro perfecto para ella. Hoy le salieron dos, que no fueron prendas, sino todo lo contrario. Los dos toros notables que echó Adolfo en su corrida cayeron en las telas del francés. No acostumbra Monsieur Sebastián a entendérselas con estos, y tal vez por eso no se terminó de entender. Le pegó muletazos buenos al primero, dispersos entre la sosería gris. Dos tandas le sopló al natural al quinto, con el morro por el suelo y embistiendo a uno por hora cuando le dio con el temple el francés. Porque sabe torear el galo, que parece buscar más horizontes, pero se perdió hoy en probaturas e intentos mientras se hinchaban a morrar al ralentí los dos toros del encierro. En su tercera tarde de feria, que ya le va pesando con una aún por torear.

Los otros dos del envío le ofrecieron el trago amargo a un Escribano que fue hoy menos señor y más naufrago. A los dos los esperó casi sin pulso a la puerta de chiqueros. Terribles fueron los tres momentos de intentar el par por los adentros, sentado en el estribo y sin sitio material para escapar del porrazo, pero libró Manuel el cuero y eso fue lo mejor del trasteo. Lo demás, con un zorrón tercero que nunca dejó la caza y con un descompuesto sexto que jamás dejó de soltar la cara, quedará para la historia de una tarde para el cajón.

Sólo ese cuarto acto levantó al pagano del trono para que se sentase Rafael, que fue señor de las bestias por buscarse la vida donde otros le buscan al animal la muerte. Es el señor de Murcia, contrahecho para el toreo, el que escoge lo que quieren pocos para escribir su historia. Y es tan necesario en esto como el agua para vivir.

 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Feria de San Isidro, vigesimocuarta de abono. Lleno.

Toros de Adolfo Martín, correctos de presencia. De bondad sin transmisión el soso primero; con clase y humillación sin chispa el buen segundo; exigente y costoso pero obediente el tercero; orientado, reponedor y a la caza el cuarto; repetidor y humillado, con clase y ralentí el quinto; pasador sin entrega el protestón sexto.

Rafaelillo (azul pavo y oro): Silencio y vuelta al ruedo tras aviso.

Sebastián Castella (grana y oro): palmas tras aviso y ovación.

Manuel Escribano (sangre de toro y oro):Silencio y silencio tras aviso.

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