Martes 25 de Abril | 17:36 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

El pan cincelado en bronce

Alberto Aguilar corta una oreja de un Camarín de Baltasar Ibán que ofreció espectáculo en una corrida desigual con la que saludó ovación Iván Vicente y cosechó silencios Víctor Barrio

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El pan cincelado en bronce

MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

Un silencio de expectación, escrutador como la mirada de un niño, abrazó el anillo cuando mediaba el segundo acto y Alberto Aguilar le ofrecía metros al espectacular Camarín. Era la primera serie de una faena que olía a cante grande, a boyante desborde de bravura bien entendida, a entrega desgarradora del que atisbaba el pan en la arrancada codiciosa. Era la primera serie después de un inicio poderoso y emotivo, por abajo, donde van a dormir las realidades después de lavar las caras. Templado, ambicioso, sabedor de que es allí donde se fabrica el pan.

Un cite de pecho al frente, de pierna adelante por detrás de la tela tersa, de verdad intensa porque no hay nada que esconder. Camarín se vino codicioso, boyante, humillado, seductor de las miradas que se mueren por ver. Alberto lo recogió seguro, firme, tan convencido de que aguantaría que le dio un tranco más a la muñeca, lo envió lejos para que no perdiese inercia, le envolvió la repetición en otro derechazo macizo y echó el resto en un tercero que murió enroscado tras la cadera. Buscaba la gloria, el sentimiento, el rugir de una plaza que ansiaba resucitar a aquella prenda llamada Bastonito y vio cómo Camarín perdía las manos de pura entrega. La que no tuvo aquel otro en la muleta de Rincón, y por eso duró más. Sintió Camarín la exigencia de Alberto buscando su pan. Y ya nada fue lo mismo.

No lo fue porque dejó en cara natural la salida de los muletazos, que quiso más que pudo tomar con entrega. No lo fue porque, a pesar de que le pedía su voluntad sacar la clase, se acordaba de que duele colocar la cara en el trapo. Y lo mantuvo en los embroques para que le pegase naturales Alberto buscando el pan que se volvía bronce, pero ya no morían los finales con un tendido rugiendo. Se le debió hacer de noche a un torero menudo que buscó la verdad al cincelar la obra para comprobar que a veces parece más verdad una mentira piadosa.

Porque hasta entonces había sido fuego el bronce de Camarín. Humillado y boyante en las verónicas de Alberto, incansable en el esfuerzo, entregado en el percal, humillado dos metros antes que reunirse con el trapo. Un ascua fue su tremenda pelea en varas, con diez metros de carrera, la llegada abajo al peto donde lo agarraron bien con la vara ypalanteriñones y ansia, levantando la penca del rabo en un empujar o morir. Dos veces acudió al penco y una más pidió el tendido, que se enfadó con Alberto por buscar éste su pan. Y estaba allí entonces, pero no con un trancazo más, aunque se enfadasen y no respirasen algunos cuando paseó la oreja.

Bronce se volvió también el que también se llamó Bastonito, que no tuvo que ver con aquél porque éste sí tuvo entrega. Lo que le faltó fue la raza para valerle a Iván Vicente, porque poco más que gusto se le derramó al de Soto para saludar la ovación. Con el otro, un cabrón con piel de babosa que salió en cuarto lugar, se olvidarán los que asistieron de que se jugó el cuero Iván sabiendo que no había premio, y recordarán del quinario que pasó al manejar la cruz. Las cosas del impaciente, que casan mal con el toreo.

De eso tuvo muy poco Víctor Barrio en su única tarde, porque no tuvo enemigo que le diese algo de entrega y sólo enlotó una avispa tercera que se movió y se movió, pero sin atender al dictado del trapo, con una devanadera por cara y apenas una serie a zurdas de formalidad atemperada para que le dejasen algún natural. El sexto, con la lluvia arreciendo en el ruedo, bastante hizo con matarlo, pese a que a él eso no le sirviera. Porque también fue de bronce, aunque allí no quedase pan.

El pan lo buscó Aguilar en un gran toro segundo, al que compararán hoy los que no salen de los recuerdos. Yo prefiero recordar un momento de la tarde, donde se quedó el pan de Alberto cincelando el bronce de Camarín. Lástima que el último fundido no los pusiese de acuerdo.

 

 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Feria de San Isidro, vigesimotercera de abono. Corrida de toros. Más de dos tercios de entrada.

Toros de Baltasar Ibán, desiguales de presencia y variados de tipo. Con calidad en el fondo pero defensivo por carecer de raza y de fuerza el primero;codicioso, boyante y bravo pero a menos el buen segundo;repetidor de humillación y cara suelta el bravucón tercero;costoso, reservón y a la caza el manso cuarto;manso y reponedor el rajado quinto;reponedor sin raza ni calidad el manso sexto.

Iván Vicente (lila y oro):ovación y silencio tras dos avisos.

Alberto Aguilar (sangre de toro y oro):oreja y ovación.

Víctor Barrio (fucsia y oro):silencio y silencio.

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