Jueves 19 de Enero | 21:14 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

El diablo también yerra

El Fandi, David Mora y López Simón no conectaron con el tendido con una corrida de El Pilar con más fondo que evidencias

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El diablo también yerra
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MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

Dicen las malas lenguas y las leyendas más rancias que es el Diablo capaz de fundar ciudades en una noche, tentar al hijo de Dios con el éxito pegando en el poste y transformar la vida de los mortales solo a cambio de su alma. Dicen, además, que es caprichoso con el objetivo, y que hasta puede engolosinarse al hacer suya la meta del cliente de turno. Ni es humano ni es mortal, pero tiene también errores. Si no, ya habría podido con Dios.

A ese ser superior y preclaro -que muchas veces sobrevaloramos- confió López Simón su alma para cambiar su vida en Madrid. Y cambió su fondo, su nivel y su futuro susurrándole al oído que la vida no es nada sin flirtear con la muerte. Tres veces descerrajó el candado de la gloria, y muchas más los más livianos, sólo por hacer del valor seco la piedra filosofal. Pero no sirve la piedra con los metales impuros, ni es infalible el diablo que le vendió la felicidad. Porque un torero no es nadie si no sabe por qué acierta o por qué yerra sin necesidad de preguntar; y si no responde a esa duda, no repetirá ninguna de las dos cosas si no es por casualidad.

Por azar o por destino cayó hoy en las manos de Alberto un buen toro de El Pilar, que tuvo -como todo el encierro- la pregunta de la esfinge para entregarse al jugador: una respuesta había con premio, y la nada para el error. Tuvo clase Deslumbrero desde que salió de chiqueros, humillando tres metros antes de llegar a los percales, metiendo el riñón en el penco hasta donde le permitió la fuerza y colocando la cara volcada en la brega de Vicente Osuna. Toro de empujarle el brío, de darle línea recta y suave, de provocarle la inercia con dos metros por delante. Esa demanda cantaba el torete humillador cuando se señalaba la hora de Alberto para volver a vender el alma.

Porque se entregó sin una duda al susurro del Diablo de pararle la arrancada con el trapo por arriba, los pies enterrados en yeso y el cuerpo hecho de hormigón. Se entregó Simón sin réplica a ejecutar el toreo en ochos que le zumbaba en la mente, a no perder maldito el paso mientras echaba el bofe el animal y a ponerse muy cerquita del astifino pitón para que no luciera el tranco y no levantase la gaita. Era buena solución para otro toro de esta feria que tuvo Alberto en las manos, pero no para el de la clase excelsa, el de la humillación cerrada, el que embistió al ralentí y que llevaba tiempo soñando. Llegó hoy y era de El Pilar, pero sólo una serie, maciza y vibrante en la grada, fue capaz de hacer rugir al circo grande de Alcalá. También rugió con el sobrero sexto, pero fue para pedirle que desoyese al diablo cuando le incitaba a seguir. Porque esto es Madrid y el error se paga. Y aquí el Diablo también yerra.

Lo supo también David Mora, que está acostumbrado a hablar con él como el que habla con la almohada. Le sacó el Diablo del infierno porque le ganó la partida y fue más terco que él, pero hoy se tomó la revancha Satanás con el quinto. Mucha fue la entrega de Mora y mucha la porfía derrochada, pero no encontró elixir ni sitio que entendiese el colorao. Hasta con los héroes yerra el Diablo, que no entiende de actitud ni momento de torero o de agrimensor.

Cualquiera de las dos cosas podría haber sido El Fandi, que también tiene hipoteca con el Diablo más listo, pero su facilidad de pago le hace más liviano el peso de no entenderse con el cuarto. Fue toro de amplia caja, de generoso perfil, de tan impecable estampa como el resto del encierro charro. Fue toro más evidente para rascarle los fondos en lugar de tirar líneas. Pero cada uno a su lío, que debe ser el infierno más extenso en un punto que el resto del universo para que quepamos todos los que parcela alquilamos.

Hoy se equivocó el Diablo también con la de Moisés, que pasó por feble, desrazada y sosa por obra de Belcebú, que no supo otorgar consejos a tres tíos capaces de ejecutarlos. Y en silencio demostró la tarde que el Diablo también yerra.

 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Feria de San Isidro, vigésimoprimera de abono. No hay billetes.

Seis toros de El Pilar, impecables de presencia y muy en el tipo, y un sobrero de Salvador Domecq, de escaso trapío, sexto bis. De feble condición, humillado y punteado el primero; de defensiva actitud por la falta de fuerza el humillador segundo; de clase y fondo con la fuerza justa el tercero; pasador y humillado el noble cuarto; de gran bondad y feble fondo el obediente y pronto quinto; devuelto el sexto por lastimarse; insulso y sin raza el sexto bis.

El Fandi (nazareno y oro): Silencio y silencio.

David Mora (celeste y oro): Silencio tras aviso y silencio.

López Simón (sangre de toro y oro): Ovación y silencio.

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