Lunes 29 de Mayo | 19:48 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

Emérito testigo

Sólo dos ovaciones se saludaron en Madrid el día que un sector quiso que pagaran las figuras un baile de corrales demasiado indecoroso para que se lo trague Las Ventas, que se lo tragó

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Emérito testigo

MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

Tres brindis se llevó el Rey. El emérito, claro, el que de verdad es aficionado y se va a su abono de jubileta a disfrutar del asueto. A veces, como hoy, se lleva a algún amigo para comentar la jugada, y no es mal punto Enrique Ponce, que le sirvió de cicerone para desvelar los entresijos de la tarde. Fue testigo el emérito de cuanto sucedió y de cuanto le contaron, pero dudo mucho que se lo contasen todo, todo.

Dudo que le dijesen que de 12 toros que presentó Jandilla al equipo veterinario, con los dos hierros de la casa, no valiese más que uno para una de las tardes de clavel rojo y cartel blanco, con la reventa preguntando si nos sobraba papel. Dudo también que el emérito fuese testigo de la retirada de la corrida titular, los tres camiones de toros que llegaron de Cádiz, de Huelva y de Salamanca, la nocturnidad con la que arribó la lidiada finalmente y la oscuridad de una noche en el camión del saco de toros destartalados que finalmente salió al ruedo. Total, ya conocían los chiqueros…

Eso en cuanto a la madeja sin armonía ni decoro que lucía testa sin perfil en la mayoría de los casos, las cabezas con zica, más pequeñitas que el corpachón, y la raza en la ascendencia, en los libros o en el limbo, que es buen sitio para ir de colocón pero malo cuando se quiere triunfar. Y, a todo esto, con la que ya se sabía que iba a caer.

Porque a Juli, que el otro día no estuvo bien, le traían la escopeta cargada desde que se imprimió el abono, y mira que debe joder que te digan cómo se hace los que no lo han hecho nunca. Y lo haría mejor o peor el madrileño en el ruedo, pero no es de recibo pitar hasta en el paseíllo, porque la única voz efectiva en este espectáculo es la ausencia, y hoy devolvían el dinero. La plaza de bote en bote decía que no había mucho aficionado que fuese a pasar por taquilla. Eso lo vio el emérito con orgullo y satisfacción.

Como vio a Julián López, el chaval de Madrid que hoy es figurón del toreo, tener la paciencia para sobar al cuarto, darle líneas correctoras y atizarle después naturales que iban a más por el muñecazo final para encelarlo en el vuelo. Esa cuarta de más que ganaba suponía un tranco más al final y un olé tras el vaciado. Prodigio de técnica Julián. Y de orgullo, porque no se llega a ser figura prestando el oído a cualquier julay. Falló el arma toricida y llegó la excusa perfecta, porque todo el mundo sabe que en Madrid no se conceden orejas pinchando en vez de matar. "Depende de a quién”, pensaba el emérito testigo, que tiene vistas unas cuantas en la calle de Alcalá.

Y no le faltaba razón, porque tres puertas grandes consecutivas en Madrid dan para ser consentido de Las Ventas, y esas las tiene López Simón. Brilló el de Barjas a diestras cuando le embestía el tercero, el más toro y menos bacalá del encierro de Vellosino. Asentado, encajado en los riñones y con grácil muñeca para enganchar y soltar, dejando en medio un cambio de mano de durar tres mundos completos. A ese, que va teniendo cara de rico, se la hubieran medido menos si llega a atronar certero con el estoque de cruz, pero no se alinearon planetas para volver a tocar pelo. Con el sexto, ese sobrero de Domingo, comprendió que tiene mucho ganado el que le sabe el secreto para mitigar la aspereza sin ritmo.

Ritmo le falta a Perera, al que vio el emérito rey poner suavidad y tacto, sentir la tela en los dedos, echar abajo medio trapo para imponerse sin más. Y escuchar dos silencios sepulcrales que decían mucho más de lo que parecía, y aún así, decían poco. Es Miguel Ángel torero de vivir el riesgo, de concatenar emociones con un mínimo de transmisión, pero no fue hoy el día señalado para él.

Eso lo vio el rey emérito desde su atalaya del 2. Como tiene previsto venir más tardes, hagámosle testigo de la verdad del toreo, porque lo vivido hoy no merece la pena ponerse a recordar.

 


FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Décimo octava de la Feria de San Isidro. Corrida de toros.

Seis toros de Vellosino, destartalados de presencia y desiguales de tipo, indecorosos algunos para esta plaza. De buen aire e intención, pero soso y sin raza el primero; sin raza ni fondo el rajado segundo;de boyante y obediente condición y justa clase el castaño tercero;simplón y obediente el soso cuarto; manso y abueyado el simplón y desrazado quinto; devuelto sexto por flojo;exigente y costoso el sexto bis.

El Juli (Sangre de toro y oro): Silencio y ovación con saludos

Miguel Ángel Perera (Celeste y oro): Silencio y silencio

Alberto López Simón (Verde hoja y oro): Ovación con saludos tras aviso y silencio

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