Sábado 25 de Marzo | 06:50 hs

JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO
LA CRÓNICA DE SAN ISIDRO

Venga va, acepto

David Mora sale a hombros en su reaparición en Madrid tras desorejar al toro “Malagueño” de Alcurrucén, premiado con la vuelta al ruedo; un valiente Roca Rey y un artístico Urdiales se van de vacío

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Venga va, acepto

JAVIER FERNÁNDEZ-CABALLERO / LUIS SÁNCHEZ OLMEDO

No debe ser fácil hablar con Dios cara a cara. No debe estar tirado decirle todo lo bueno o lo malo que en tu vida te ha entregado. No debe ser cómodo precisamente porque la eternidad tiene la cruz de ser epílogo humano pero la cara de ser una apuesta constante. No hablo ya de hablar, ni siquiera de pactar en sus narices, sino de apostar. Habló, pactó y apostó en una nube de gloria hoy David Mora. 48000 párpados, 240000 corazones y una sola alma, tan sólo una, fue la que hoy vio, pacto y apostó con un Padre que cedió.

Ya le guiñó el ojo Dios a David Mora en la mesa de negociación cuando Madrid le tributó su orgullo de torero recuperado en una ovación para la historia. Pero había que demostrar la recolecta, y para eso hay que ser muy hombre. Muy hombre para mirar el toril que te dejó cojo e intentar pactar con Dios que el diablo jamás iba a volver a aparecer allí, en el mismo lugar maldito que hoy se tornó en eterno. Hay también que ser muy hombre y muy humano -no es lo mismo gallardía que verdad- para volverse al mismo destino y decirle que aquí, en el juego de la vida, o se apuesta o se muere en el intento de ser cobarde. Pero más allá de la humanidad, hay que ser tan divino cuanto soñador para echarle cojones al bravo "Malagueño". Lo fue David Mora con un toro de vuelta al ruedo de Alcurrucén que, donde otros hubiesen visto litigio simplón, el pactante vio la puerta del anhelado cielo abierta de par en par.

Al mismo diablo le enseñó el hocico Roca Rey en el quite a ese segundo. Pero ¡ja!, aquí mandaba quien más cerca del cielo estuviese, y por gaoneras se fue David Mora para darle al Padre el aperitivo de su gran obra. A un ángel llamado don Máximo le brindó ésta, y en una ovación de gloria pura estallaron veinte mil infelices por una cicatriz que pudo ser muerte pero que esas manos de querubín transformaron en vida. La que le dio David al de los Lozano antes de bailarle al destino en cambiados que a punto estuvieron de chafarle la sacra conversación. Se colmó frente al bravo el David de la petición orante y se rompió por una valentísima diestra el Mora que siempre conoció Madrid. Temple a la humillación, calma al viento acechante, pellizco al embroque eterno y espada fulminante para el que merece morir pronto. Eso fue lo que David Mora le enseñó al Dios mismo en sus morros con un toro de vuelta al ruedo… ¡Y algunos se preguntan que por qué este hierro viene dos tardes al ciclo!

Fue el quinto muro de las lamentaciones que, por judío, el cielo no respetó. No lo hizo tampoco con un David Mora que merecía lo que no tuvo en ese toro de Alcurrucén, por eso Madrid, que es sabia y recuerda, lo premió con el silencio merecedor de toda honra. Pero ya había ganado la apuesta de su temporada un torero que hoy creyó en Dios porque metió el dedo en la llaga de su Resurrección, la que cual Tomás en Pascua fue prueba efectiva de que el jefe había vuelto a la vida… y ese Mora gerente de su propio destino también lo hizo hoy ganando la apuesta.

Intentó comerse Madrid a un Roca Rey al que ni el cielo ni el infierno van a impedir salir andando de esta vida, como ocurrió hoy. Pocas tardes se plantea en el calendario Andrés para despedirse de una plaza si no es a hombros o con el hule bajo su espalda, y hoy fue una de esas que el peruano no planificó. Parece Madrid ensañarse con un doble premio en su confirmación de alternativa que está pagando caro, como si fuese culpa suya que el doble pañuelo asomara en el palco en aquel sexto del 13 de mayo. Pero el mismo arrojo, la misma colocación, el mismo capote templado y la misma sorpresa celestial con que irrumpió en la calle de Alcalá le valieron hoy para recoger una única ovación que no es premio justo a su sudor. Ya vendrá, Andrés, ya vendrá el cielo de nuevo… ahora a seguir negociando la apuesta con el que tiene la llave.

Vio enseguida la plaza que el regusto de Urdiales en el primero no era de este mundo, pero no habla con Dios el riojano desde Bilbao, y eso se paga. Porque tuvo alas para intentar volar con el primero, pero sólo tres tandas y nueve muletazos se encargaron de ilusionar sin que el fruto final de la divinidad se posara sobre Madrid. Esas mismas alas que brillaron por su ausencia en un cuarto para el olvido. Pero, para entonces, David Mora había apostado con Dios a vida o muerte y en verde le tocó la luz.

Hay que creer en Dios aunque no se vaya a misa: ya no hay calambrazos, David, que sanen con escozor la meta de tus días. Porque el dolor fue gozo enmascarado en durísima batalla esta tarde en Madrid. Lo lograste, pactaste con Dios y te salió cara. Dios puso una voltereta amarga, un bravo en búsqueda de hocico saciado despaciosamente y un manicomio de 20.000 cuerdos rompiéndose las manos porque habían visto a un torero pactar con el Dios mismo.El David que intentó apostar con El de arriba a vida o muerte hace dos años y cuatro días, hoy le dijo en la negociación cara a cara las palabras más sensatas que un torero en su situación podría haber pronunciado jamás: venga va, acepto.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas. Feria de San Isidro. Corrida de toros. Lleno.

Seis toros de Alcurrucén,bravucón tornado en peligroso el primero, bravísimo el segundo, premiado con la vuelta al ruedo, de nombre "Malagueño”, bronco y peligroso a zurdas el tercero, manso el cuarto, deslucido el quinto y a menos el sexto.

Diego Urdiales, silencio en ambos.

David Mora, dos orejas y silencio.

Andrés Roca Rey, ovación y silencio.

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