Miércoles 16 de Agosto | 18:34 hs

TÓPICOS NO

Perera: “Hay tardes que buscaría cualquier rendija para irme de la plaza”

“Los toreros a veces nos ponemos demasiado místicos”

Perera: “Hay tardes que buscaría cualquier rendija para irme de la plaza”

"Perdona por no haber podido cogerte el teléfono". Es la primera vez que un torero en figura me pide disculpas por haber quedado en hablar a una hora y no haber atendido la llamada. Y sí, ya sé que puede parecer una tontería, pero esta sencilla frase supone el primer asalto a un gran tópico: los toreros tienen bula para incumplir su palabra, sobre todo cuando en unas horas van a torear en Madrid.

Miguel Ángel Perera es de los que no necesita que le entrevistes porque, después de haber cortado la primera oreja de San Isidro en un nuevo derroche de testiculina, tiene todo a favor. Viéndole en el ruedo, parece que no le tenga miedo a nada. Pero sí:

—Tengo miedo al fracaso. Es un miedo escénico que te surge con una mezcla de responsabilidad e incertidumbre.

—¿Y cómo se vence?

—Con naturalidad y con la conciencia tranquila después de haber entrenado y saber que estás preparado para superar ese miedo. Te confieso que antes, por la inexperiencia, me podía más. Madrid me ponía muy nervioso y a veces caía en el error de alterar mis rutinas diarias cuando se acercaba la fecha pensando que así iba a estar más concentrado: me aislaba, me iba de todo y de todos... caía en una especie de misticismo.

—Bueno, es que los toreros a veces os ponéis demasiado místicos...

—Pues sí, y últimamente más. Pero el tiempo me ha convencido de que hay que ser normal, no llamar la atención... Aunque lo más difícil, en la vida y en el toro, es ser natural.

—Eres un torero muy verde... en cuanto a los tonos que usas, entiéndeme. ¿Por qué?

—Todos los años cuando me encargo vestidos nuevos hay algún verde porque es mi color favorito y claro, en Madrid si vas de estreno es fácil que un verde caiga. Y luego ya sabes lo que dicen, que el verde es el color de la esperanza.

—Cuando te veo esperar al toro en los medios para darle el pase cambiado tan característico tuyo pienso qué estarás pensando en ese momento.

—Mira, aunque no te lo creas en ese momento solo pienso en el toro. Estoy pendiente de la forma en la que viene y trato de medirlo para poder cambiarle el viaje. Creo que lo bonito de este pase no es sacar la muleta por atrás, sino intuir la velocidad que lleva el toro para bambolearlo.

—¿Alguna vez tienes la sensación de que estás pisando un terreno donde no sabes si el toro va a pasar o te va a llevar por delante?

—Hay momentos en que sí tienes esa incertidumbre. Pero hay que tirar la moneda y agarrarte a la técnica y a tu capacidad para superar la duda. Piso el terreno que piso muy convencido, con la máxima quietud, para intentar torear con profundidad y ligazón, imponiéndome al toro. Y sí, a veces intuyes que quizá es el momento de dar ese paso de más y eso es lo importante: ser capaz de darlo.

—Y supongo que también habrá tardes en las que no tengas ninguna gana de vestirte de torero.

—Pues sí, las hay. Son tardes en las que buscaría cualquier rendija para escaparme de la plaza, pero por suerte se trata de momentos puntuales. No todos los días tu cuerpo está para hacer un esfuerzo.

—¿Te arrea mucho tu suegro, el maestro Capea?

—No. Hablamos de nuestra profesión, intercambiamos opiniones, aprendo mucho de él. Pero no es de los que más me arrea, en el sentido que los toreros entendemos esta palabra.

—¿Y quién es el que más entonces?

—Fernando Cepeda. Además es que se lo pido, que no deje nunca de arrearme, de pedirme lo máximo, porque somos humanos y necesitamos que alguien te toque el hombro y te diga que siempre puedes hacerlo mejor.

—Pues en Madrid te lo dicen constantemente durante la faena...

—Mira, yo exculpo en parte al aficionado que paga una entrada, aunque el precio sea simbólico respecto a la vida que el torero pone en juego, porque la ha comprado con mucho esfuerzo y no tiene por qué saber el estado anímico del torero ni las circunstancias que impiden que des una buena tarde.

—¿Desde ahí abajo se oyen más los gritos o los olés?

—Los gritos se oyen mucho porque aprovechan el silencio para hacerse notar.

—Curiosidad: ¿tu madre va a verte torear?

—Siempre que puede, sí. Me parece una mujer fortísima y muy valiente.

—¿Más que tú?

—Pues en cierto modo sí, pero qué te voy a decir yo de mi madre, si es la mujer más especial de mi vida.

—Pregunta de peticiones del oyente: dicen que en el patio de cuadrillas huele a miedo, pero, más allá de la metáfora, ¿a qué huele un torero como Perera?

—Cuando voy a torear no me echo perfume, así que solo huelo al aftershave de L'Occitane.

Comentarios
CULTORO PROYECTA SL Contacto Publicidad Aviso legal Política cookies
Calle Platerías número 41, Colmenar Viejo 28770 - Madrid - España - redaccion@cultoro.com
Desarrollado por: CMS Peridicos