Viernes 20 de Enero | 16:02 hs

CRÓNICA DE SAN ISIDRO

Al pasar la barca

Fandiño sale herido con una oreja en el esportón

Al pasar la barca

Hay ocasiones, demasidas, en que frivolizamos con el toreo por la difícil facilidad de un tío delante de un animal, como si fueran las niñas jugando a la comba y cantando aquello de "al pasar la barca, me dijo el barquero...". Y otras, como hoy, en las que se planta un hombre con una muleta en la mano para hablar con el barquero sobre el precio que abonar. Y cruza la linea de los aranceles y las aduanas, la línea de la verdad y la sangre, la línea que nos recuerda a todos que aquí se mata y se muere. Todo esto es de verdad.

Lo es cuando hay un tipo dispuesto a que lo sea, por hosca o risueña que nos parezca su faz. Lo es cuando se hace presente la entrega de un tío que apuesta de verdad, que cruza la raya, que sabe el ruedo que pisa y lo que se juega en este tapete. Lo sabe y quiere ganarlo a toda costa, conocedor de que la importancia del riesgo habita en el conocimiento de lo que se quiere ganar, y no en el apego a lo que se puede perder. Porque parece que en el toro no se pierde más que una tarde o una mañana. Un rato, como perdieron hoy -otro más- El Cid y Luque. Fandiño, en cambio, no ganó sólo su oreja; también el respeto de muchos que ven en él más soberbia que argumentos. Porque fue de verdad lo que enseñó hoy.

Lo fueron los estauarios del inicio de faena, al calor del tendido 5, donde el viento no arreciaba. Planta firme, apretados los talones, enseñando el perfil y batiendo el trapo apenas en un bamboleo. Toro por dentro por los dos pitones, y ni una mueca, ni un gesto, ni un ademán de corrección. Era consciente Fandiño de por dónde pasaba el tren, y le descarriló la potencia y el brío con un trincherazo de lío. Tarjeta de presentación de un torero ya conocido que renovaba visita como si fuera la primera vez. O la última... Bueno el Parladé por el pitón derecho, largo el viaje y vibrante la entrega de un vasco empeñado en gobernar en la Villa y Corte y en una embestida a zurdas que tuvo que tragar para que terminase siendo profunda. Y a pasar la barca luego, con el botín casi cayendo en el esportón y el barquero esperando aranceles entre las rayas del 5. Los pagó Fandiño sin cerrar los ojos ni perder la mirada, recibiendo el asta en las carnes y la oreja su cuadrilla, mientras operaban al vasco que quiso morir de entrega.

Gesto de torero tuvo El Cid al brindarle el toro al compañero herido. El toro que se había dejado en chiqueros el que apostó con una carta y ganó derramando sangre. Pero ya no está el sevillano tan dispuesto a ver la suya vertida en madrileño albero. Por eso se apuntó hoy un nuevo toro de lío que se fue con las orejas puestas dejándole saludar una tímida ovación. Los enlota con regularidad y los echa cuartos, como a Carretillo, Fiscal, Portilloso o Bonito, el nombre del Parladé de hoy cuya cabeza no adornará sus paredes. Y quiere Manuel reencontrarse con su zurda. La busca a empellones, con denuedo y con ansia, pero no es en la muñeca donde encontrará su temple, sino en un corazón cuyos latidos ya no es capaz de ralentizar. Por eso acompaña con plasticidad, traza liviano con ligereza y abrocha monumentales los de pecho para dejar buen sabor en la salida de la tanda. Pero no ralentiza embestidas, no pasan de cuatro los muletazos por tanda y no echa la pierna a la vía para apostarle al barquero. Tiene monedas de sobra para pasar el río y dos apoderados de premio para volverlo a ubicar.

Lo mismo que un Daniel Luque cuyo paso por Madrid ya se le olvidó al tendido. Y es lástima que se conforme un torero de condiciones que aún no sabe quién quiere ser. Por eso pasea medianías, liviandades y estética sin poso que tapa con una gran capacidad para navegar sobre el río. Por eso no pasa el barquero la cuenta de resultados, y hace la vista gorda para que no tenga que pagar aunque se olvide de riesgos y apuestas. Porque a él no se le van los toros que embisten, aunque no los abrase como a él le gustaría. Una mirada al espejo y una pizca de ambición lo dejarían renovado para buscar ese puesto de elegido que llevan años inventando para él.

Hoy fue Fandiño quien le pagó al barquero, porque no es niña bonita ni derrocha el dinero, pero tiene los arrestros, el valor y la convicción para pagar con su sangre la tasa de la aduana, la que separa la línea entre toreros y hombres.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, feria de San Isidro, decimocuarta de abono. Tradicional corrida de la Prensa. Toros de Parladé. Sin raza ni clase el burraco primero; de cara suelta y repetición el segundo; informal y por dentro el tercero; con movilidad, transmisión y clase el cuarto; soso y sin emoción el noble quinto; noblón y sin chispa el sexto.

El Cid (verde botella y oro): silencio, ovación y silencio.

Iván Fandiño (marino y oro): oreja en el único que mató por salir herido.

Daniel Luque (marino y oro): silencio y silencio.

Saludó Alcalareño en el cuarto tras banderillear.

Casi lleno en tarde agradable.

Parte médico: "Iván Fandiño presenta herida por asta de toro en tercio medio cara interna demuslo derecho, con una trayectoria ascendente de 25 cms. que causa destrozos en músculo cuádriceps, contusiona el femur y alcanza cara externa en tercio superior de este muslo. Contusión de vasos femorales, con rotura de colaterales. Contusión en región dorsal. Pronóstico grave que impide continuar la lidia. Es intervenido bajo anestesia general en la Enfermería de la Plaza y se traslada a la Clínica de la Fraternidad ". Fdo. Dr. García Padrós.

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