Sábado 27 de Mayo | 13:02 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE FALLAS

La rebelión no precisa barba

Ginés Marín abre una puerta grande a la entrega y el temple, Cayetano pasea una oreja a la raza y ni la veteranía de Ponce fue capaz de sobreponerse a una blandísima corrida de Juan Pedro

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La rebelión no precisa barba

MARCO A. HIERRO

La rebelión ya ha comenzado, por más que no quieran enterarse los sectores más recalcitrantes. La rebelión no precisa barba, ni giros radicales al poder establecido, ni sangre conceptual bañando las calles nuevas. La rebelión no es hipster ni rancia, no se busca en los infinitos de la extravagancia sin discurso ni en los dogmas verticales de la tradición sin sentido. La rebelión nace limpia de la evolución de los mundos, y triunfa y cala tan hondo como empujen aquellos que la deben promover.

Y hoy empujan, pelean, meten el codo al costado de los mandones los imberbes que se arrogan la bandera de la rebelión. Y eso es bueno. Es bueno que existan ferias en las que las figuras ya no pueden doblar porque no hay sitio físico sin renunciar a los rebeldes; ferias en las que si quieren ver dos tardes a las figuras no les queda otra que crecer en corridas o humillarse a la nueva era. Porque esa nueva savia hace también que arreen los sabios y se constituye en el principal activo para construir el futuro.

Hoy lo fue Ginés Marín, que lleva ya tiempo llamando a la puerta sin desfallecer en la ambición. Y llegará un momento en que derribe los muros, a pesar de que no fue muy grande la puerta que atravesó hoy. Anduvo el extremeño entregado, preciso, serio, variado y maduro. Anduvo templado con los trapos y fresco con las estructuras, apostando a concepto en lugar de a pelo, y justo es -por muy justita que fuera la puerta- que le valga el triunfo que alcanzó hoy. Porque también él pintó el camino de baldosas amarillas y marcó en su final una meta que ir alcanzando. Y, para ello, no necesita barba.

Sí hubiera precisado algo más de parte de los juampedros, pero le valió con dos pizcas para levantar bien la voz. Templando con el capote las verónicas al tercero y rematando con una revolera invertida, sorpresiva y bella, que fue lo más alternativo que se vio en su repetorio. Porque la pedresina del inicio muletero fue pura entrega al toreo en el que cree, y llamó la atención con ella sobre los naturales de después, a más en las tandas, sacrificando los dos primeros en beneficio de los tres últimos, concluyendo entre rabo y hombrera los inmensos pectorales. Inteligente, Marín con el toro menos malo de una mala juampedrada. Con el otro, el sexto, no perdió nunca la fe pese al caminar mortecino arrastrando el fardo de seis quintales que llevaba por castigo el funo. Eso y un estocadón para rubricar la obra 

Una declaración de intenciones de uno que no llega a los veinte, que no necesita tirar de excentricidades y, que, por supuesto, no necesita barba para ser abanderado de estos tiempos. Tampoco Cayetano, que desde que ha regresado a la guerra -también sin barba- pone sobre la arena toda la entrega, la pasión y la raza que le faltaron tal vez cuando comenzaron a explotar su nombre. Le han venido bien los dos años meditando, porque le ha dado tiempo de echar de menos lo que ama con pasión. Por eso ahora se enraza y se propone nuevas metas para sobrevolar las barreras, y llega más su mirada de determinación tanto al profesional como al tendido. Y hasta ha limado carencias de las muchas que dejó su tardía llegada a este mundo, si bien aún le quedan otras relacionadas con los terrenos. Todas salieron hoy para sumar su diez años a la rebelión sin barba. Y se premió con una oreja de igual argumento que Ginés.

Muy distinto es el de Enrique Ponce, que nunca ha tenido barba para salir a una plaza ni ha necesitado artificios para decir su verdad. También él se ha rebelado, aunque ya no cumpla veinte. También él busca objetivos, metas, arcanos que descifrar para mejorar su toreo. Y de tanto buscar fondos se encuentra en su mejor momento, 28 temporadas después de rebelarse mandón. Ya sería opaco y hueco el lote de juampedros de hoy para que no rascase Enrique poco fondo que tuvieran. Y se fue con dos silencios de la plaza de su pueblo, pero con el cetro intacto por sumarse a la rebelión.

A la cita faltó Juan Pedro. O más bien muchas virtudes de las que busca el ganadero que ya lidia su selección. Y no estará contento de ver cómo se dejan en casa el poder que le obsesiona buscar . También esa es pieza clave para aportar a la rebelión, pese a que los que no lucen barba manejen los argumentos con menos pereza porque no saben cuándo habrá más. Hoy fue Ginés y su entrega. Mañana ¿a quién le tocará?

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Valencia. Novena de la Feria de Fallas. Corrida de toros. Lleno.

Cinco toros de Juan Pedro Domecq y uno, el sexto, de Parladé. El primero bis como sobrero con el hierro de Juan Pedro Domecq y el segundo bis también como sobrero con el hierro de Vegahermosa. Devuelto el primero por blando; de buena condición sin fuelle ni fondo el primero bis; devuelto el segundo por inválido; complicado y correoso el feo segundo bis; repetidor con ritmo y fijeza de media humillación el potable tercero; mortecino y defensivo por la falta de fuerza el aplomado cuarto; noble y con voluntad y fuerza muy justa el castaño quinto; de buen aire y demasiados kilos el zambombo y mortecino sexto.

Enrique Ponce (azul noche y oro): ovación y palmas. 

Cayetano (turquesa y azabache): silencio y oreja tras aviso. 

Ginés Marín (caña y oro): oreja tras aviso y oreja. 


 

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