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El año de... Ginés Marín

Una temporada 2017 coronada con la Puerta Grande de Madrid, tarde que fue el punto de partida a un año para el recuerdo en el que se ha erigido como torero fundamental en el escalafón para el 2018.
martes, 23 de enero de 2018 · 12:03

DE MANIZALES A OLIVENZA

Pronto comenzó Ginés Marín la temporada, pues ya el 3 de enero de 2017 se vistió de luces en la plaza de toros de Manizales dentro de su Feria del Café. En aquella tarde, hizo el paseíllo con un encierro de Dosgutiérrez dando la vuelta al ruedo en su primero. Un mes más tarde, su siguiente parada sería la plaza de toros de León, Guanajuato. En tierras aztecas logró desorejar un toro de Villa Carmela que le daría moral en pleno invierno europeo. El 26 de febrero, trenzó el paseo en tierras ecuatorianas, dentro de la Feria de Ambato. Con palmas en su actuación frente a un toro de Mirafuente y otro de Vistahermosa se saldó la comparecencia de Marín en aquel festejo.

Y ya de nuevo de vuelta a Europa, su primera tarde llegaría en la plaza de Olivenza, su tierra, su pueblo. En la Feria del toro comenzó campaña Ginés Marín para cortar dos orejas en la corrida en la que estuvo presente con el hierro de Zalduendo. Valencia le seguiría en suerte, tarde del 18 de marzo en la que dio todo un golpe sobre la mesa en la primera plaza de primera de la campaña en este lado del charco.

CRÓNICA VALENCIA

La rebelión ya ha comenzado, por más que no quieran enterarse los sectores más recalcitrantes. La rebelión no precisa barba, ni giros radicales al poder establecido, ni sangre conceptual bañando las calles nuevas. La rebelión no es hipster ni rancia, no se busca en los infinitos de la extravagancia sin discurso ni en los dogmas verticales de la tradición sin sentido. La rebelión nace limpia de la evolución de los mundos, y triunfa y cala tan hondo como empujen aquellos que la deben promover.

Y hoy empujan, pelean, meten el codo al costado de los mandones los imberbes que se arrogan la bandera de la rebelión. Y eso es bueno. Es bueno que existan ferias en las que las figuras ya no pueden doblar porque no hay sitio físico sin renunciar a los rebeldes; ferias en las que si quieren ver dos tardes a las figuras no les queda otra que crecer en corridas o humillarse a la nueva era. Porque esa nueva savia hace también que arreen los sabios y se constituye en el principal activo para construir el futuro.

Hoy lo fue Ginés Marín, que lleva ya tiempo llamando a la puerta sin desfallecer en la ambición. Y llegará un momento en que derribe los muros, a pesar de que no fue muy grande la puerta que atravesó hoy. Anduvo el extremeño entregado, preciso, serio, variado y maduro. Anduvo templado con los trapos y fresco con las estructuras, apostando a concepto en lugar de a pelo, y justo es -por muy justita que fuera la puerta- que le valga el triunfo que alcanzó hoy. Porque también él pintó el camino de baldosas amarillas y marcó en su final una meta que ir alcanzando. Y, para ello, no necesita barba.

Sí hubiera precisado algo más de parte de los juampedros, pero le valió con dos pizcas para levantar bien la voz. Templando con el capote las verónicas al tercero y rematando con una revolera invertida, sorpresiva y bella, que fue lo más alternativo que se vio en su repetorio. Porque la pedresina del inicio muletero fue pura entrega al toreo en el que cree, y llamó la atención con ella sobre los naturales de después, a más en las tandas, sacrificando los dos primeros en beneficio de los tres últimos, concluyendo entre rabo y hombrera los inmensos pectorales. Inteligente, Marín con el toro menos malo de una mala juampedrada. Con el otro, el sexto, no perdió nunca la fe pese al caminar mortecino arrastrando el fardo de seis quintales que llevaba por castigo el funo. Eso y un estocadón para rubricar la obra.

A la cita faltó Juan Pedro. O más bien muchas virtudes de las que busca el ganadero que ya lidia su selección. Y no estará contento de ver cómo se dejan en casa el poder que le obsesiona buscar . También esa es pieza clave para aportar a la rebelión, pese a que los que no lucen barba manejen los argumentos con menos pereza porque no saben cuándo habrá más. Hoy fue Ginés y su entrega. Mañana ¿a quién le tocará?

DE ZARAGOZA A LOS BARRIOS

Tras el triunfo en la Feria de Fallas de Valencia, la siguiente parada del oliventino sería la Feria de San Jorge de Zaragoza, cita en la que Curro Díaz resultó gravemente herido por un toro al entrar a matar en una tarde en la que se enfrentó la terna a una corrida de Luis Algarra. No le dejó el lote a Marín exhibirse, siendo ovacionado en el sexto de la tarde en La Misericordia.

Otro puerto de montaña esperaría a Ginés Marín el día 26 de abril, puesto que hizo el paseíllo en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, tarde en la que fue silenciado frente a un nulo lote de Torrestrella. De vuelta a México volaría Ginés Marín para hacer el paseíllo en la Feria de San Marcos de Aguascalientes el día 1 de mayo, el mes más importante de la carrera de Ginés Marín. Aquella tarde en el coso hidrocálido el extremeño pechó con un encierro de Xajay con el que fue ovacionado.

En Los Barrios, Cádiz, logró coger una sustitución el 14 de mayo frente a una corrida con distintos hierros. Mató uno de Torrestrella y otro de La Palmosilla, saliendo a hombros con dos orejas en su esportón y dando un golpe más antes de su gran tarde en Las Ventas.

CRÓNICA MADRID

Cuartel de exigencia y finca de gloria eterna del toreo: la que comenzó a construirle el "Barberillo” de Alcurrucén con el que hoy reventó Madrid.

Porque eran las nueve y catorce minutos del anochecer alcalaíno cuando crujía la plaza de latidos al natural. Y en el callejón, un hombre hacía serrín del olivo con sus uñas. En ese momento, justo en el instante en el que se partía la camisa el uno, en el que arrojaba el habano el diez, en el que soltaba el abanico de moscas el seis y en el que el siete desfruncía el ceño, un castoreño tapaba las lágrimas de gozo por ver el sueño cumplido de un hijo. Marín, el Guardia Civil, y Guillermo, el padre, se batían en gritos de vida olvidando el cuartel que había construido la gloria que Ginés estaba alcanzando. Porque ahora necesitaría la finca que ese animal le ayudó a conseguir para estallar de toreo cada Feria en la que el 2017 lo anunciará.

Aquel pequeño jerezano que se escondía entonces debajo de los asientos del microbús que transportaba a los agentes en servicio a los toros de la Feria de Jerez para saltarse por los corrales y así no pasar por taquilla se hizo hombre pagando con toreo a la primera del mundo hoy en su confirmación. Y lo vio salir a hombros la calle de Alcalá. A Guillermo, el agente que debía cambiar el turno para picar junto a su hijo cuando se dio cuenta de que esto no era un juego, se le subían en aquel momento las hormigas por las venas viendo a Madrid entregada al milagro que su hijo acababa de obrar.

Directamente a torear al natural puso la plaza en pie en ese sexto. Le cogió la distancia, lo entendió a la perfección y por ambas manos gozó de Madrid al cielo de su toreo. Y la enloqueció. Y crujió la plaza para desorejarlo tras la estocada. Fue aquel animal la clase de "Jabatillo” y la calidad chisposa de "Malagueño” fundidas en otro genial toro de Alcurrucén, más descaradamente manso, sí, pero más tinta que hoy agrandó el mito del hierro en el libro Madrid.

Sabían los Lozano lo que embarcaba el lunes en El Cortijillo. Sabían Pablo, José Luis y Eduardo –toda una vida dedicada al toro en la taquilla, en el ruedo y en el campo- que ahí iba algo gordo. Como siempre que van a su plaza. Y es que íntegramente vivir por y para este espectáculo invirtiendo en él el beneficio que de él se ha sacado es amor pasional y no banal. Y eso al final se recoge.

Fue la tarde en la que Ginés Marín pasó de vivir en el cuartel de la necesidad a poder hacerse el suyo a base de libertad. La que da Madrid. Convirtiendo cada paso en una meta y cada meta en un paso consiguió su sueño el joven. El día era hoy y su tarde era esta. Y ha sido listo para dejar cuanto antes ese querer impertinente y rendirse a la búsqueda libre de salir del cuartel gracias a doce naturales y nueve derechazos de ensueño.

DE SEGUNDA TARDE MADRID A SORIA

Tras el triunfo en la tarde de su confirmación de alternativa en Las Ventas, Ginés Marín regresaría dos días más tarde al mismo escenario, pero ya sin tanta suerte, porque le tocó un lote de El Torero que no le prestó opciones de triunfo. Unos quince días estaría sin vestir el traje de luces, algo que hizo el 16 de junio en la Feria del Corpus granadina, tarde en la que se enfrentó precisamente a un encierro también de Lola Domecq al que le paseó un apéndice en la Monumental de Frascuelo. Y de tierras moras, a Madrid, porque un día más tarde, el 17 de junio, hizo el paseíllo como triunfador de la Feria de San Isidro 2017 en la Corrida de la Cultura junto a Morante de la Puebla y Cayetano Rivera.

Y de nuevo un cante de toreo dejó Ginés Marín sobre el ruedo venteño, pues tenía prácticamente en su mano las dos orejas de su primero de Núñez del Cuvillo cunado la maldición de la espada vino a visitar a un joven al que se le esfumó por segunda vez la gloria en la primera plaza del mundo. Fue una faena llena de emotividad, de momentos para el recuerdo y de levantar a un tendido que, minutos más tarde, quedaría sorprendido por la repentina muerte en las astas de un toro de Iván Fandiño en Francia. Tarde triste al final pero en la que el sello de Ginés Marín estuvo presente.

Ledesma, en la Feria del Corpus, sería su parada del día 1 de junio. En tierras charras trenzó el paseo Marín con una corrida de Pedraza de Yeltes que no le prestó opciones de triunfo. Sí lo hizo la corrida de Vegahermosa en su tierra, Badajoz, en una Feria de San Juan en la que resultó máximo triunfador Marín. Hasta tres orejas le paseó entre los suyos al encierro de Borja Domecq.

En el coso del palio de Istres resultaría ovacionado la tarde del 24 de junio frente a un encierro con el hierro de Zalduendo, volando en prácticamente horas a la Feria de Sanjoaninas, en pleno Atlántico. Dos vueltas al ruedo con la corrida de Carlos Fale Filipe daría en las Azores Ginés Marín, que remató en la Feria de Soria con una oreja a la corrida de Capea su periplo entre el triunfo de Madrid y el de Pamplona.

CRÓNICA PAMPLONA

La nueva guardia llegó a Pamplona con la ilusión renovada de un niño que apunta a las nubes y el reencuentro con otro niño que ya no lo es tanto y que está cada vez más cerca de los galones que perdió. La nueva guardia llegó a Pamplona con el viejo rockero francés que no se baja del carro y logró que fueran sus nombres los que recordara el pagano al marcharse a continuar la fiesta.

Y mereció salir en hombros Ginés Marín en su presentación pamplonica, pero marró con la espada la faena al bueno y le paseó el doble premio con el exigente sexto al que el extremeño tuvo la virtud de convencer en todo. Y si algo debe tener este rito, en el que hombre y bestia ponen la vida en la lid, es justicia. Aunque luego no la tenga nunca. Porque lo justo hubiera sido que entrase el estoque después de que Ginés creciera hasta los medios en un saludo de parsimoniosa verónica a la cadencia del gran toro. Era ese tercero, feo, paletón, manialto y serio, un torrente de clase que se entregó en la muleta desde el inicio de rodillas en que le planeó los vuelos por abajo, le repitió con codicia y se le fue hasta el final en el cambio de mano que anunció el toreo. El aroma que quedaba era de obra grande.

Lo fue la mano baja que era diestra en orden y fondo con que comenzó a plantear Ginés hasta los enrazados finales que le dejaba el animal. Lo fue el temple que le nació a Marín de esa diestra para transformarla en siniestra en un cambio de mano de vértigo en las barrigas con que expresaba el chaval su hambre. Fue larguísima la caricia de vuelo natural que le tomaba el de Victoriano con ese empuje mantenido que atiende al gobierno del trapo pero sigue cuando no está. Fue bello el toreo de Ginés, que tal vez se desentendió de corazón y alma para que su juventud acelerase un tramo y le restara peso al poso. Y tal vez por eso se hincó de hinojos en el final para soplar naturales que redondearan el fin. Y llegó la espada, pero el acero no entró.

Sí lo hizo en el sexto para que el gesto de rabia del imberbe certificase su maldición del primer toro, que arrastraba desde la corrida de la Cultura. Y quizá por eso la oreja que le supo arrancar al de Cortés a base de buscarle el fondo a la exigencia se la transformó en dos un tendido ávido de que la poesía hiciese la justicia que no supo dar la realidad. Porque fue con ese sexto con el que salió el veterano Ginés con cuerpo de barbilampiño. Media distancia que nunca perdió, colocación casi perfecta, suavidad para ir alargando muletazos, quietud para irlos macerando y fe. Mucha fe tuvo Marín con ese toro de carne suelta, afilado morro y sien estrecha. Y la fe mueve las montañas de la nueva guardia. Y las puertas, por muy grandes que sean.

Porque la tarde era de Ginés y de la que ya es nueva guardia, con un López Simón que se coló en la foto finish para darle lustre a los que llegan. Para ponerle nombre y caras a los que quieren tomar el mando. Porque mañana no estará el peruano instalado en la cumbre, pero lo sustituye Ginés. Algo estará diciendo el futuro.

DE SEGUNDA TARDE PAMPLONA A ROQUETAS

Tras el triunfo de Pamplona, cogería una sustitución para hacer el paseíllo en la tarde del día 13 de julio, en la que se enfrentó a una corrida de Núñez del Cuvillo en la que fue silenciado. La siguiente cita sería la de la feria de la Madeleine de Mont de Marsan, en la que paseó una oreja precisamente también con una corrida de Núñez del Cuvillo. Y de ahí, de nuevo de vuelta a la plaza de toros de Valencia, que se encontraba en plena Feria de Julio.

Trenzó en un cartel estelar el paseíllo Ginés Marín también con una corrida de Cuvillo a la que dejó un toreo entregado y siempre a más del que finalmente paseó una oreja que no resumió ni mucho menos su gran tarde en el coso de la calle de Xátiva.

Roquetas de Mar, en Almería, sería la tarde que le seguiría en suerte a un Ginés Marín enrachazo, y un apéndice del encierro de El Pilar paseó el extremeño en tierras almerienses. De la parte baja de Andalucía, directamente a Santander, donde fue proclamado triunfador absoluto de la Feria de Santiago.

CRÓNICA SANTANDER

A veces la vida te permite licencias cuando más parece que te absorbe el seso. Y te sitúa en un palco al sol, te rodea de la inocencia de los niños y te obliga a transmitirles todos los valores en los que crees, en los que te criaste y en los que te acompañarán ya siempre, hasta que la tierra vuelva a cubrir tu levedad. Ginés Marín no está aún tan lejos de esos niños a los que hoy el Programa Víctor Barrio de la Fundación del Toro de Lidia hizo un poco más felices. Y a mí con ellos. "Mañana volvemos, ¿no?”, me decía uno de ellos, emocionado por todas las peripecias que había podido vivir a lo largo del día. "Ajolá”, pensaba yo.

Ojalá que los niños que hoy me freían a preguntas mantengan la inocencia, la sinceridad y el sentido común que hoy les hacía sacar los pañuelos y medir las peticiones, y que sigan acudiendo en libertad a disfrutar de su afición sin nadie que les corte las alas en nombre de un viento mejor. A Ginés, que hoy veía cómo se le rendía de nuevo la plaza que ya conquistó el año anterior, no se lo hicieron. Por eso estaba aquí hoy, haciéndoles felices por la mañana con la simple firma de una foto y por la tarde con el trazo sincero y puro de su mano diestra. Y su extrema redondez.

"¿Cómo se llama cuando levanta el capote de esa forma y se lo pasa tan cerca?”, preguntaba otra de las niñas que hoy me rodeaban. Eran las saltilleras con las que Ginés se manchó el vestido en el quite al tercero, tal vez el mejor de la corrida irregular pero manejable que echó Luis Algarra en Santander. Fue con la muleta en la mano cuando esta plaza, que le tiene entregado su amor, le entregó también el alma. Despacio, sin apuros, sin crispación, con la distancia justa para que tomase inercia, con el gesto justo para tocar con sutilidad y el trazo poderoso pero amable para soltar sin soltar, para recoger la repetición, para volver a trazar sin maldita la arruga en la tersa muleta y transformar lo que iba para pectoral en un rotundo circular que murió en las alturas tres días después. Inmenso el extremeño. Metido. Seguro.

Tanto lo estaba que hasta el castaño sexto, que era tris, terminó por entregarle el bofe cuando las bernadinas finales iban en pos de la oreja doble. No es habitual que dos toros seguidos se partan un pitón contra el burladero, pero hoy oucrrió. "¿Y ahora qué ocurrirá?”. Esta vez eran los papás los que hacían la pregunta. Pues que había un segundo sobrero para que redondease su tarde Ginés. Qué forma de volar el trapo, de ralentizar sus latidos, de muñequear con dulzura y hasta de irse de la cara sabiendo que la tarde era de él. "¡Le sacamos el pañuelo!”, bramaban las niñas de mi palco, empeñadas en hacer justicia a como diera lugar.

Y no volveremos mañana porque la feria concluyó hoy, pero me llevaré las preguntas de los críos, con su lógica, su sentido común y su aplastante sensatez. Para cuando me pregunte una noche qué estamos haciendo para que esto del toro tenga a tantos a la contra. No será que no lo enseñamos…

DE EL PUERTO A ZARAGOZA

El Puerto de Santa María sería la siguiente parada del furgón de cuadrillas de Ginés Marín, enmarcada su presencia en un abono en el que paseó una oreja de la corrida de Núñez del Cuvillo. Huesca, ya el 10 de agosto, sería su siguiente cita con la Feria de San Lorenzo como testigo de su toreo. No le prestó opciones el encierro de Núñez de Tarifa con el que fue ovacionado.

La Feria de San Sebastián, en plena Semana Grande, también vivió con intensidad el toreo de un Ginés Marín que arriesgó con la corrida de Zalduendo para ser finalmente ovacionado. Como ovacionado también salió de la plaza de toros de Pontevedra, inmersa en la Feria de la Peregrina. En el contexto de una corrida con tinte joven hizo el paseo Marín en el único bastión taurino que queda en Galicia.

Ya el 14 de agosto, Herrera del Duque viviría un mano a mano entre Ginés Marín y Antonio Ferrera. El joven paseó, del encierro de José Luis Iniesta, hasta cuatro orejas entre los suyos. Y caminito de Francia, porque también en el contexto de una corrida con tinte joven estaba acartelado Marín frente al encierro de El Ventorrillo del que paseó dos orejas y se ganó con creces un puesto de privilegio en alguna de las dos ferias en el coso galo que se ofrecerán esta campaña de 2018.

No hubo suerte en Málaga, tarde en la que fue ovacionado con la corrida de Juan Pedro Domecq el día 18, para seis días más tarde torear una de Juan Pedro Domecq en Almería con la que cortó oreja y oreja. En plena Feria de la Virgen del Mar gustó a la afición de la capital de esa provincia andaluza para salir en volandas de su bello coso.

Una oreja fue el premio recibido en la Feria de Bilbao, ciudad inmersa en unas corridas generales en las que Ginés Marín destacó con creces con una seria corrida de Victoriano del Río. Cuenca y su Feria de San Julián esperarían al joven el 26 de agosto, en una tarde en la que se enfrentó a la corrida de José Vázquez frente a un nulo lote con el que fue ovacionado.

Su siguiente parada, Ejea de los Caballeros, en Zaragoza. Le hizo frente el 1 de septiembre a una corrida de Torrestrella con la que cortó oreja y oreja para salir en volandas. También el 2 de septiembre en la Feria de San Antolín de Palencia tocó pelo, pues lidió una corrida de Alcurrucén que no terminó de entregarse de la que paseó un apéndice del segundo ejemplar de su lote.

El 7 de septiembre volvería a su tierra, para torear en Don Benito, Badajoz, una corrida de Zalduendo. Tres orejas se llevó al esportón Ginés Marín que lo embalarían a las grandes ferias otoñales junto a la tarde también de Utrera, en Sevilla. El 9 de septiembre y compartiendo cartel con Ventura y Castella le hizo frente Marín a una corrida de Torrealta de la que paseó una oreja.

Un día más tarde viajaría a la localidad jiennense de Andújar, donde hizo el paseíllo en mano a mano con El Juli para cortar a su lado hasta seis apéndices del encierro de Núñez del Cuvillo y El Torero. Estas citas triunfales le llevarían a proclamarse triunfador de otras de las grandes ferias de año: la de Albacete.

Una plaza y una afición inmersas en pleno Centenario vivieron el gran momento de Ginés Marín con la corrida de Santiago Domecq a la que le cortó dos orejas para salir en volandas de La Chata. Nimes sería, el 17 de septiembre, su siguiente parada, paseando dos orejas del primer ejemplar de su lote con el hierro de Victoriano del Río.

La plaza de La Ribera de Logroño, en plena feria de San Mateo, fue la siguiente de la ruta de Ginés Marín a lo largo de la campaña, donde fue silenciado ante la corrida de Zalduendo. Voló a Zacatecas para cortarle dos orejas a un toro de Santa Bárbara el día 24 de septiembre y tras ese viaje express del diestro extremeño, su tierra, Badajoz, vería de nuevo su toreo en la feria de Zafra.

Hasta tres orejas paseó de una corrida de Zalduendo el 30 de septiembre para cerrar temporada entre los suyos. Úbeda, en Jaén, también vería el gran momento de Ginés Marín, donde le cortó dos orejas a un toro de Santiago Domecq. Cerraría temporada española en Zaragoza, donde le hizo frente el 11 de octubre a la corrida de Juan Pedro de la que no obtuvo suerte y, el día 14, a la de García Jiménez, paseando dos orejas de su primero en un brillante cierre de temporada europea.

 

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