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El año de... Fortes

Una temporada apasionante en la que, tras los gravísimos percances de 2015, supo venirse arriba y cuajar grandes tardes de las que sobresale una especialmente: la del 18 de agosto en Málaga

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El año de... Fortes

Comenzó su temporada en el ya célebre mano a mano de Vistalegre, haciendo el paseíllo al lado de David Mora en una reaparición que levantó la expectación de todos los aficionados capitalinos. Aunque aquel día tan sólo salió ovacionado de la plaza, sí dejó el regusto de quien comenzaba una nueva etapa en cuerpo, pero sobre todo en alma. Aquel inicio de temporada le llevaría rápidamente a la primera gran Feria de primera categoría: la de Fallas de Valencia. Hizo el paseíllo con la corrida de Fuente Ymbro, siendo silenciado en su lote.

No tardaría muchas horas en volver a enfundarse el chispeante: sería en la localidad navarra de Fitero el 13 de marzo, paseando con una corrida de Apolinar Soriano en la que fue ovacionado ante un nulo lote. Tampoco le acompañó su lote de Jandilla el Sábado Santo en su tierra, Málaga, toreando en esta emblemática fecha de Semana Santa en La Malagueta y siendo ovacionado ante su primero.

De ahí, pasaría a La Maestranza de Sevilla para la primera corrida de toros de la Feria de Abril, tarde que a punto estuvo de ser suspendida por la fuerte lluvia que arreció durante toda la jornada en la capital hispalense. Finalmente se decidió tirar hacia adelante con un festejo en el que fue ovacionado ante el debut del hierro de Hermanos Tornay como corrida de toros en el coso del Baratillo. La Feria de San Jorge de Zaragoza vería cómo acababa el mes de abril para Fortes, haciendo el paseíllo en la segunda de su abono el día del Patrón frente a una corrida de Antonio López Gibaja. Aquel día tuvo un bello gesto con la afición maña, brindándole el segundo toro de su lote con el característico libro y la rosa que por San Jorge es tradición en la zona aragonesa y catalana.

MADRID, 6 de mayo: Una ovación para el bravo

Fue sentida y de ley. Fue la expresión espontanea de una plaza que se rinde a quien ha pagado con sangre el privilegio de caminar su arena y, aún así, le agradece a la vida una nueva ocasión de destocarse ante este tendido. Fortes estrenaba nombre en los carteles venteños. Estrenaba vida, estrenaba feria y estrenaba hasta expresión, aunque eso no lo sabía Madrid cuando le tributó, cariñosa, la primera ovación del ciclo.

Era el reconocimiento al bravo que se anunció la misma tarde que dos que quisieron serlo ante los mansos de chiqueros. Fue él, el malagueño que se fue en silencio, el que menos artificios enseñó para lidiar animales y concurrencia. Ya tenían todos lo suyo con la que amenazaba con caer.

Le cayó al malagueño porque sabía la borrasca que no se inmutaría ante lluvia, viento, nieve o ciclón. Le cayó en el tercero para que no le importase enterrarse en el barro con el percal en la mano, ofrecerle los vuelos como si los fuera a tomar, levantar la mano de fuera con imperioso gobierno, llevarse al vientre la de dentro para que lo tocase al pasar e iluminar con el pecho volcado el mejor toreo de capa de la tarde ya gris. Apenas esa evidencia dejó Fortes en Madrid. Lo demás fue de bravo.

Lo fue su oferta de pecho y muslo en los cites de cinco metros, más ceñido en el toreo cuanto más avanzaba la tanda, pese a que desluciese el manso la obra propuesta por Saúl. Lo fue su verdad en la apuesta pese a saberse expuesto al juicio del que no ve –tan español y castizo-. Lo fue su arrimón espartano de quien acepta su sino porque nada más hay en la ocasión. Todo bajo la lluvia molesta que restó atención y espectadores cuando la noche anunciaba el final de esta función. Todo en Saúl fue de bravo, pese a que no acudiese el brillo en ayuda de su fe.

Porque presidieron los mansos la primera del abono, aunque fuera bravo el del palco para no devolver a ninguno, que ninguno blandeó luego cuando les tocó morrar. Aunque buscasen excusas para abandonar el ruedo tanto como los paganos cuando arreciaba la lluvia con el último de función.

Su segunda tarde en Madrid llegaría el día 22 de mayo, jornada en la que hacía el paseo mayor con un encierro de Las Ramblas que tampoco se prestó al triunfo. Pero le esperaría a Saúl todo un verano de tardes triunfales que le darían vida moral. Su siguiente parada llegaría en la taurinísima localidad albaceteña de Hellín, que celebró el día de Castilla-La Mancha programando una corrida de toros de la que Fortes salió vencedor paseando dos orejas de su primer oponente de Aguadulce. Eso fue el 31 de mayo, no vistiéndose de luces hasta prácticamente un mes después, en la Feria de San Pedro de Burgos. Aquella corrida nocturna, que se celebró en ese horario por el trastorno que supone la Eurocopa en estas fechas para el toreo, salió a hombros junto a Joselito Adame frente a un encierro de Conde de Mayalde. Sería un antes y un después aquel compromiso en tierras burgalesas para el año de Fortes, puesto que significó un triunfo espiritual además de que el público comenzó a ver el poso que volvía a tener el malagueño.

De ahí partiría hacia la localidad abulense de Arévalo, donde toreó el día 2 de julio una corrida de Garcigrande de la que paseó dos orejas de su primero. La localidad manchega de Manzanares sería su siguiente parada, tarde en la que paseó un trofeo de una corrida de Torrehandilla y Torreherberos haciendo el paseo al lado de David Mora y Rubén Pinar. El 31 de julio su siguiente parada en el furgón sería el también rincón manchego de La Roda, donde su buen lote de El Ventorrillo le permitió hacer el toreo y gustarse para irse a hombros con tres apéndices.

Ese sería el epílogo de la primera parte del verano y el comienzo de la segunda, que también sería con buen pie. Y no se iría de La Mancha, porque el 6 de agosto toreó una corrida de Castillejo de Huebra atestiguando la alternativa de Antonio Linares junto a Padilla en Pedro Muñoz. Una oreja cortó aquella tarde. En la plaza francesa de Dax, ya el día 13 de agosto, le hizo frente a un encierro de Jandilla que no se prestó al lucimiento, terminando en Calatayud este capítulo siendo ovacionado antes de las dos grandes tardes de su temporada: las de Vitigudino y Málaga.

VITIGUDINO, 16 de agosto: Para volver a volver

Cuando hace solo un año Fortes vivía las horas más complejas de su existencia y los pasillos serios de un Hospital sin fondo acogían plegaria en su nombre, no intuía Saúl que 365 días después saldría en volandas tras volver a sentirse torero en la plaza de toros de Vitigudino. Quiso el destino que fuera hoy cuando por chiqueros salió ‘Pájaro’, un bravo animal de Orive que humillaba con clase, y el torero malagueño lo recibió rodilla en tierra desafiando al destino con el valor del que puede y sabe hacerlo. Misma hora, mismo lugar.

Toreó bien a la verónica y articuló una faena templada a base de entrega y arrojo, pues fue el arrojo el que ganó la partida que le pedía el animal, que humillaba con clase aunque pecó de justo de fuerza. Se gustó por ambos pitones en una faena articulada a media altura que selló con doble trofeo tras matar de estocada entera. A ‘Oropéndula’, sexto de la tarde, intentó ligarlo tras brindar al maestro Santiago Martín El Viti y lo consiguió con una buena serie por el pitón derecho. Tenía motor el de Orive y mucho corazón y coraje Fortes. Fue el valor y el arrojo, no la clase, pues tardó en cogerle el pulso al animal al que acabó cuajando naturales hondos y templados siendo esto lo de mayor trasmisión que quedó en ovación tras fallar con los aceros. Fortes es de los que saben que el destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad, lo sabe porque le ha tocado lidiar con los antojos de un destino que no se lo ha puesto fácil.

MÁLAGA, 18 de agosto: Fortes vive porque torea

Viernes, 6 de mayo de 2016. Comienza San Isidro. Hace apenas unos días que se ha confirmado el segundo aviso antes de echar a los políticos al corral: España tendrá que votar de nuevo en el mes de junio. La plaza sólo habla de eso. Los abonados venteños, a los que se les atragantan las anécdotas por llevar ocho meses sin bromear con los compañeros de localidad, no hablan de toros. Hablan de la putada que les han formao porque, si quieren ir a ver a JT a Hogueras, habrá que ir a Correos a echar el papelito. Un jaleo.

Mientras, en el patio de cuadrillas y con el recuerdo aparentemente en el olvido, se lía un tío que cinco minutos más tarde será el héroe al que 20.000 almas tributen su respeto. Saúl para los suyos. Jiménez para la plaza que lo sacará a saludar tras el paseíllo callando votos y comentarios. Sólo Fortes para el estío que lo alzará como mito triunfal del pópulo de tercera sin que se enteren las grandes Ferias.

Desde aquel 6 de mayo en el que el Fortes que dejaba atrás el Jiménez trenzó el paseo y recogió la ovación venteña, España ha visto la evolución del que quiere ser toreo lógico desechando la locura cuerda de exhibirse tuviese lo que tuviese delante. Bendita mesura. La que lo ha hecho ser él mismo este verano. Quizá necesitaba contar por kilos las orejas para que sea el 2017 el que transforme en kilos de primera su peso y poso con los trastos. Faltaba Málaga. La suya y entre los suyos. Y sin triunfos estratosféricos, se alzó con el estoque de plata que es oro para la moral de Saúl.

El tío al que un día Madrid por mayo lastimó y Vitigudino quiso enterrar en lo físico, supo mitificarse en lo moral para que sólo el tiempo le diese la razón en lo triunfal. Lo vio La Malagueta. Y su tiempo, el del Fortes de la foto sobre el costalero, el del dulce contrato septembrino y el del ¡agua! desde el burladero, ha llegado. Y a pesar de que esta tarde no hubo hombros, ni costaleros, ni música de azuquiqui que es pan del sur… la de Torrealta lo hizo fuerte de verdad.

En el cuarto, tras una fea voltereta, se levantó sin mirarse y volvió a la cara del toro. Quiso templarlo Fortes en todo momento, dándole igual la condición de un animal de muy baja raza. Aguantó Fortes miradas y coladas, pero no entró la espada. Luego se durmió toreando a la verónica Fortes con el octavo del festejo, abrió sus muñecas para lancear con gran gusto y despaciosidad. Compuso la figura, se llevó al animal detrás de la cadera, ¡qué forma de torear! Se olvidó del cuerpo, toreó para él en una faena de paladares exquisitos, de toreo al ralentí, citando siempre de frente, dándole el pecho al toro, con una pureza enorme. Dibujó su faena soñada, esa que le debía el toreo, hoy Fortes encandiló a su plaza. Se tiró a morir entre los pitones del animal para cobrar una estocada.

Porque el mal fario del sino, que quiso verlo sin chispeante, le ha tocado cara al Saúl que hace un año dormía entubado y respiraba por los poros de la piel abiertas. Dura realidad que jamás la Fiesta debe olvidar. Porque un tío al que le rozan las sábanas cada noche de abiertas que tiene las carnes jamás debería ser titular olvidadizo en los telediarios. Pero la justicia está muy lejos de lo que la realidad mediática muestra… y esos que se rasgaban las vestiduras con aperturas de informativos hace un año se olvidaron pronto que ese tío se hizo hombre y sacó el toreo que llevaba dentro desde Burgos hasta este día en su tierra.

Y Fortes vivió porque toreó en Málaga.

Tras la tarde más emotiva, como fue la de Vitigudino, y la más importante, como fue la de Málaga, se sentiría a gusto paseando en uno de los cosos más emblemáticos de su tierra: el de Antequera. En la Feria Real formó parte de un cartel en el que respondió a la cátedra de Ponce paseándole dos orejas a la corrida de Zalduendo. De ahí, a pasear otras dos orejas al rincón toledano de Añover de Tajo ante una seria corrida de Lagunajanda, hierro que entendió a la perfección Saúl.

En Illescas llegaría su primera gran cita septembrina: el día 1 hizo el toreo pero no entró la espada en una imponente corrida de Sonia González, de una presentación de prácticamente plaza de primera categoría. La parte negativa de su gran año llegaría en la localidad salmantina de Béjar, en el bellísimo marco de la plaza de toros más antigua del país: La Ancianita. Allí, un toro de Vellosino le infirió una cornada, pero le paseó una oreja. Aquel percance no le impidió seguir toreando y dos días más tarde haría el paseíllo en el municipio abulense de Navaluenga, donde toreó una corrida de Castillejo de Huebra.

Intervendría también en el mes de septiembre en una de las Ferias más relevantes de toda la temporada gala: la del Arroz de Arles. Allí formó parte de la corrida goyesca concurso de ganaderías saliendo ovacionado de esta cita célebre para el aficionado más allá de los Pirineos, enfrentándose a un astado de Alcurrucén nada fácil y otro del mismo corte con el hierro de Robert Margé.

El día 18 de septiembre cumplió el compromiso que, hacía unas semanas, había anunciado: torear uno de los hierros más emblemáticos del campo bravo español por vez primera, el de Victorino Martín. Y no sólo fue triunfal la cita, sino que se erigió como el nombre de la Feria del bello rincón manchego, saliendo a hombros con los toros del hierro de la A Coronada. En Bargas, Toledo, un día más tarde, le hizo frente a una más que seria corrida de Martín Lorca: e hizo el toreo, la pena fue que la espada no entró para que ese triunfo taurómaco se transformase en foto a hombros.

No dejaría esas tierras manchegas que le dieron vida durante todo el verano de 2016 a Fortes y el día 24 de septiembre torearía una corrida de El Quintanar en Munera, Albacete, a la que le paseó tres trofeos. En Villaviciosa de Odón, Madrid, ya el día 25, le cortó dos orejas a un buen toro de El Canario con el que se lució especialmente al natural. Y en Las Rozas ya el primer día de octubre, supo entender a sus oponentes de Torrestrella para irse también a hombros de aquella tarde.

No dejaría tierras capitalinas, pues hizo el paseo en la plaza de Boadilla del Monte el 8 de octubre cortnado tres orejas de la corrida de Peñajara. De ahí, a una cita que ya se está convirtiendo en tradicional en la provincia de Huelva: la corrida Pinzoniana. Vestido como en el año 1492 toreó Fortes junto a El Cid y David de Miranda y con un lleno en los tendidos una corrida de toros con el hierro de Las Monjas. Hizo el toreo de verdad y se lució por ambas manos para salir triunfante de la tarde, compromiso que lo embalaría directamente a Jaén. Como las buenas temporadas, ésta finiquitó en la Feria de San Lucas el 15 de octubre, paseando tres orejas de la corrida de Núñez de Tarifa, un encierro al que entendió a la perfección el malagueño y con el que convenció a la afición jiennense que lucha contra el tiempo para acudir a su plaza de toros por estas fechas. Unas horas más tarde, y ahora sí, concluiría oficialmente Fortes su campaña con otras tres orejas y asentando su sólido concepto en la localidad salmantina de Alba de Tormes.

De esta forma terminaba Fortes una temporada para el recuerdo, una campaña para nunca olvidar.

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