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El Año de... Perera

Resumen de la temporada 2016 del matador de toros extremeño, una de las figuras del toreo que ha firmado una campaña ascendente tras regresar de una gravísima cornada en Salamanca

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El Año de... Perera

No fue fácil el comienzo de campaña para un Miguel Ángel Perera al que las bolitas del sorteo no acompañaron hasta bien entrada la temporada, allá por el mes de junio en Pamplona. Tras no poder reaparecer en la Feria del Señor de los Milagros de Lima después de la cornada de Salamanca, decidió que su siguiente parada sería la Feria de marzo de Olivenza, donde cortó una oreja y fue ovacionado en su segundo a la corrida de Garcigrande, no tocándole el mejor de los lotes. De ahí, cogería el coche de cuadrillas para hacer el paseíllo el Sábado Santo en La Malagueta, tarde donde destacó y fue ovacionado ante un encierro de Luis Algarra.

Comenzaría entonces sus citas cruciales: la primera de ellas fue la Real Maestranza de Sevilla, tarde en la que fue ovacionado frente a los toros de Victoriano del Río. Ya el 30 de abril en la localidad cacereña de Trujillo olió las mieles del triunfo paseando hasta tres orejas en una corrida dentro de la Feria del Queso que sería un respiro de aire fresco para el torero de Puebla del Prior. No esperaría mucho para volver a vestirse de luces, y lo hizo en la Feria de San Marcos de Aguascalientes, México, una semana después, trenzando el paseo para cortar una oreja de cada toro de su lote, con los hierros de Julián Hamdan y San Isidro.

Ya en tierras europeas, su siguiente destino sería en el coliseo romano de Nimes, tarde en la que remontó con fuerza y cortó dos orejas a un buen toro de Daniel Ruiz, gustándose y rompiendo de verdad su campaña. Aquella tarde preludiaría a su doble cita madrileña. El primer compromiso, el 18 de mayo, fue silenciado frente a una corrida de Fuente Ymbro que no terminó de romper. Su segunda cita, el 25 del mismo mes, le hizo frente a la corrida de Vellosino que remendaba a la titular y el encierro tampoco fue apto para el triunfo, por lo que la porfía de Perera fue silenciada también aquel día.

Aquella doble cita capitalina embalaría al torero pacense directamente a su encerrona en la plaza de toros de Albacete. Una encerrona enmarcada en la tradicional corrida de ASPRONA de la capital manchega en la que estoqueó astados de Fuente Ymbro, Las Ramblas y Garcigrande de los que paseó hasta tres orejas en un festejo retransmitido por las cámaras de Televisión Española. La plaza de Badajoz sería su siguiente parada en una corrida, enmarcada en la Feria de San Juan, de la que se llevó tres trofeos de una buena corrida con el hierro de Juan Pedro Domecq. Aquel día, entre los suyos, reivindicó de nuevo su sitio y el momento que estaba por atravesar el de Puebla del Prior.

La Feria de Zamora lo esperaría ya el 29 de junio, tarde en la que paseando oreja y oreja se enfrentó a una desigual corrida de Alcurrucén. Tras aquella cita, Burgos sería su siguiente parada. Aquella fue una tarde especial por las connotaciones que la ciudad tiene para el torero pacense y con tres orejas salió de los "sampedros” que son Puerta del Norte para el toreo. Se lidió aquel día una corrida de El Puerto de San Lorenzo. Antes de su actuación en la Feria del Toro de Pamplona, la tarde quizá más amarga de la temporada de Miguel Ángel Perera llegaría en la localidad abulense de Arévalo. Aquel día, haciendo el paseíllo al lado de El Juli y Roca Rey, la terna debió salir andando porque en Teruel acababa de perder la vida frente a un toro de Los Maños el compañero Víctor Barrio.

Esa sería la nota negativa de un ascenso sin cesar hasta llegar al puerto de montaña que es Pamplona para todo aquel que se viste de luces.

PAMPLONA

Ver las luces y las sombras en el camino para saber prenderlas o esquivarlas siempre fue cosa de sabios. No escoger el sendero óptimo, sino de saber ver en éste las obstrucciones o ventajas que la propia durabilidad que toda travesía conlleva. Y es que esas luces y esas sombras, importantes para que un torero honre a Belmonte en el ruedo siendo lo que su persona es, son la clave de ese camino de rosas o espinas para cualquiera que se vista de luces. Estuvo Perera hecho un tío en 2014, no lo vio hace doce meses y un pitón le partió por dentro hace hoy 345 días en La Glorieta. Y ahí, en la elección del camino y su luz, radica precisamente la perspicacia de verlo claro y aprovecharlo. Como en Pamplona hizo Miguel Ángel.

Perera, al que las sombras tras la cornada y la dureza de su invierno taparon lo que sus entrañas estaban cuajando, dejó lo malo en la cuneta y aprovechó lo bueno que tenía delante para ser ya el de siempre. Y volvió a ver la luz cuando el Sol ya ha iluminado la sombra de Salamanca.

No se le ha olvidado a Perera que él también es ciprés y que se cimbrea con el viento. Cierto es que le ha costado encontrar la raíz en un camposanto amenazante que le puso en la nuca el hacha indolente del ostracismo oportunista. Se vio fuera de ferias el que se sabe bien armado; honda la cimentación, gruesa la raíz, armónicas las ramas y hermoso de ver ondear.

Tanto como mal espadachín hoy, porque su decidida apuesta, su calcañar enterrado en el abierto compás y su latido lento para supurar el toreo debería haber puesto tres orejas en su esportón, pero le aplaudió Pamplona. Porque es de ciprés su larguísimo trazo de corazón natural al humillador segundo, su imperiosa presencia para sacarle el fondo al díscolo quinto, su entrega no superada por la horrible voltereta que le cobró la tarde. Son todas cualidades del inmenso Miguel que quiere mirar por encima del cementerio donde se sabe ciprés. Tal vez hoy encontró el camino para no volver a dudar.

Vio toro el torero en el que la afición estaba perdiendo la fe por arriba, por abajo, por el centro y hasta por detrás, donde volvió a pasárselos en los cambiados que en el 14 le tornaron el sino. Y le dio un sablazo a los que pasaban ya de su rollo. Y gratificó a sus adeptos con la lentitud de su concepto, con la ligazón larga de quien revienta en viaje a su oponente y con la porfía de quien, cuando éste ya está fundido, se abrasa entre pitones alardeando de un pererismo marca registrada del que Ojeda siempre pide explicaciones.

Tras ese comienzo del ascenso en Pamplona, la siguiente parada de Miguel Ángel Perera sería la Feria de Julio de Valencia. Aquella tarde, con una emotividad especial por encontrarse Adrián como centro de la ceremonia taurómaca, le paseó una oreja al primero de sus oponentes de Victoriano del Río. Dejó una actuación sensacional especialmente por un arrimón espeluznante a su segundo que, si no llega a ser por la espada, le hubiera propiciado la salida a hombros por el paseo de Colón.

Después de esa célebre cita levantina, la Feria de Santiago de Santander acogería el gran momento de Perera, cortando oreja y oreja en su primera tarde en el coso de Cuatro Caminos frente a una corrida de Garcigrande. Su segundo compromiso en el abono cántabro llegaría tres días más tarde en una clara apuesta por la diversidad de encastes en su temporada: le hizo frente a una corrida de Adolfo Martín y, aunque no le tocó el lote, sí pudo degustar el toreo templado por momentos la afición norteña ante un Perera a ralentí.

A raíz de ahí el ascenso sería constante, y la Feria de Colombinas de Huelva, a pesar de la mala corrida de Santiago Domecq de la que fue testigo, vio por momentos la despaciosidad del toreo de Miguel Ángel. Triste fue la tarde del 7 de agosto. Las dos orejas que paseó Perera no taparon el mal momento por el que pasa la afición alavesa, un momento en el que los ataques políticos constantes amenazan el porvenir de su Feria y una tarde en la que su afición se echó al ruedo del Iradier Arena para reivindicar libertad.

No dejaría el norte Perera y su siguiente parada sería la Feria de Gijón, ciudad ya célebre en su temporada. Tres orejas cortó en El Bibio el torero pacense ante una corrida de Garigrande con cierto punto de exigencia y a la que le bajó la mano al máximo Perera. Aquel día disfrutó las mieles del triunfo del que agosto sería epicentro en la campaña del torero. Volvió a su tierra Perera el 14 de agosto para ser ovacionado en Herrera del Duque frente a una corrida de José Luis Iniesta y, unas horas más tarde, cruzarse España entera para llegar a tiempo a su cita de Bayona frente a una corrida de Garcigrande en la que no hubo suerte con el ganado.

Sí funcionó el festejo al día siguiente, 16 de agosto, en el municipio riojano de Alfaro. Con un ambientazo y un llenazo en el tendido se lidió una buena corrida de Torrestrella de la que Perera se llevó tres orejas al esportón. De ahí, a su cita en la Feria de Málaga, donde escuchó palmas frente a su lote de Torrealta. Esa fue su primera tarde, no teniendo suerte tampoco en una segunda en la que su lote de Núñez del Cuvillo no funcionó y sólo escuchó ovación.

Pero estaba por llegar y llegó uno de los momentos más excelsos de la temporada de Miguel Ángel Perera. Acaeció en la Champions del toreo: la Feria de San Julián de Cuenca fue testigo del importantísimo momento que atravesaba cuando el extremeño indultó un extraordinario ejemplar de José Vázquez. Se fundió Perera en la graciosa y brava embestida del animal madrileño para enjaretarle tandas de suprema lentitud y perdonarle finalmente la vida. Eso le valió para repetir en el serial conquense y, dos días más tarde, dejar sobre el ruedo manchego una de las faenas, quizá, con mayor interés e importancia personal que eco social ante un toro de Montalvo.

CUENCA

Aquí o se juega a la silla o se cuelga el traje. Y Perera ha decidido lo primero. ¿La dinámica? Muy sencilla: colocar sillas en círculo, una menos que el número de jugadores, mientras suena el pasodoble. Y cuando el desarme haga al director mandar callar, el que quede sin silla sale del juego. No lo ha hecho Perera en tarde en la que triunfó Manzanares pero toreó Miguel Ángel.

Sí bien es cierto que el cornalón de Salamanca fue condicionante involuntario de que la ley natural de la supervivencia arremetiese contra su status, Perera ha sabido no quedarse sin silla tras una Sevilla en la que arreó toreando contra sus ausencias en Castellón y Fallas; tampoco lo hizo en su doble tarde isidril, y fue entre las peñas de Pamplona cuando se vino arriba en la dinámica para no quedarse sin el sitio que 2008 lo aupó y 2014 lo consolidó en la historia. Y el soniquete de Cuenca lo ha resucitado para quedar sedente ante lo que viene.

Con una bomba hierática y silenciosa en la pañosa pero tremendamente explosiva en cercanías reventó San Julián. El que a priori era el menos favorito se aupó como patriarca caminito de Bilbao: perdonando la vida al que se lo merecía, dignificando con creces el puesto del compañero herido y recreándose en la suerte cuando los demás aún bailan por no quedarse fuera de la batalla.

Porque toreó como soñaba al "Escarcha” de Vázquez el sábado y como en la porfía imperiosa del entrenamiento se imaginaba al tercero de Montalvo esta tarde. Y le meció el capote templado para entregarle el corazón en cada lance. Y lo cuidó en varas por guardarse la calidad para el espeluznante quite por tafalleras. Y no permitió que la silla volase en el apoteósico prólogo quietísimo, a pies juntos, mientras tenía el rabillo del ojo en la batuta por impedir quedarse sin su lugar en el círculo. Y le pegó arrucinas para conseguirlo, y se dobló en las cuatro tandas por intentar que el temple honrase la duración del enemigo. Y acompasó su velocidad para torear tan despacio que gustó a los que no creían ya en su supervivencia en el sistema. Y pinchó su triunfo, que no su ya intacta silla. También lo hizo en el sexto, en el que el arrimón no fue sino justificación de lo que el toro no llevaba dentro.

La vida, símil también de juego, ha dado a Perera en Cuenca la oportunidad de no quedarse sin silla antes de que el Norte juzgue su sino un agosto más. Y aprovechó Miguel Ángel las balas de la bravura el sábado y de la sustitución el martes para ser el torero que el 8 apuntó y el 14 elevó a las alturas. Un cornalón en La Glorieta, un grave percance en los despachos en el amanecer de la temporada, una mala baza hispalense y hasta cuatro nefastas bolitas isidriles no han impedido que San Julián haya sacado el torero que llevaba dentro. Y la silla con opción a trono tendrá que discutírsela sólo quien pueda…

Tras aquella tarde en Cuenca con connotaciones importantes sobre todo en el aspecto personal, llegarían citas como la acaecida en la localidad murciana de Cieza. La plaza de toros de La Deseada acogía la segunda corrida de toros de su temporada con el hierro de Murube, una corrida con Rafaelillo, Cayetano y el propio Perera haciendo el paseíllo y de la que éste extrajo dos orejas del segundo animal de su lote. Almería y su Feria de la Virgen del Mar lo verían aparecer dos días más tarde, siendo Perera ovacionado con una corrida de Núñez de Tarifa de la que le tocó el lote más parado.

En Bilbao fue fiel Perera a su concepto en la corrida de Fuente Ymbro, siendo ovacionado frente al primer ejemplar de su lote. Eso le llevaría directamente a su cita en la Feria de San Antolín de Palencia, donde consiguió en el coso de Campos Góticos otro de los hitos más importantes de su campaña, indultando un toro con el hierro de Montalvo y cortando los máximos trofeos simbólicos. Vibró la afición castellana con aquella faena y también con la que le precedió ante el primero de su lote, animal al que le cortó las dos orejas y ya preludió lo que podría ocurrir en el quinto.

Tras el respiro triunfal que le supuso Palencia, tomaría el coche de cuadrillas para una jornada más tarde hacer el paseíllo en la localidad manchega de Alcázar de San Juan al lado del rejoneador Diego Ventura y Cayetano Rivera Ordóñez. Paseó una oreja de la corrida de Sánchez Arjona. EL 8 de septiembre volvía de nuevo a su tierra, Badajoz, para hacer el paseíllo en Don Benito frente a una corrida de Luis Algarra de la que se llevó dos apéndices en una grata actuación frente a sus paisanos. Ovacionado, dos días más tarde, salió de la Feria de los Llanos de Albacete con la corrida de Montalvo, que en esta ocasión no le ayudó al triunfo.

Otro de los grandes compromisos de su verano taurino llegaría en la Feria de Murcia, donde sostuvo en La Condomina un mano a mano con Paco Ureña. Aquella tarde, en la que se lidió una corrida con el hierro de Juan Pedro Domecq, paseó dos orejas y se fue en volandas de aquella afición. Exhibió al día siguiente soberanamente su temple en una de las plazas de la Comunidad de Madrid en vías de recuperación: Parla. Junto a César Jiménez y Cayetano Rivera Ordóñez dio toda una lección de temple en cercanías ante la corrida de Carlos Núñez de la que se llevó cuatro orejones.

Aquel subidón en pleno septiembre embalaría a Miguel Ángel Perera a una de las citas también más emotivas de su año: la vuelta a la plaza que, doce meses antes, le había intentado quitar todo: la Glorieta de Salamanca.

SALAMANCA

Dicen que en muchas partes del mundo tirar la sal al suelo es un hecho de mala suerte, aunque lo cierto es que la sal es utilizada en preparación del agua bendita. Eso, hace que algunos la usen para ahuyentar los malos espíritus. Sal algunos, laurel otros, ajo incluso, no lo sé. No importa lo que sea y el método en que se haga, pero los malos espíritus y los turbios recuerdos hay que espantarlos siempre.

Lo sabe Perera, que hoy su sal fue su concepto del temple, el poder en sus muñecas y el oficio adquirido. Sabe Perera que hoy se rindió ante él La Glorieta porque los recuerdos que apoderamos todos en la retina del pasado ciclo no fueron buenos. Porque hace un año encogió los corazones y se impuso a la vida. Hoy ahuyentó eso gris de las retinas a base de verdad y lo convirtió en azul cielo cuando se fueron hasta las nubes, que no el frío, y por chiqueros salió ‘Brivón’, torazo de vuelta al ruedo.

Humillaba con codicia y franqueza éste de Montalvo con ese pellizco que viaja en sintonía con los toques macizos de Miguel Ángel cuando lo meció con clase a la verónica y se encajó en un quite por chicuelinas, cuando dibujó naturales pasándoselo cerca, y bajó la mano y templó la humillación con rematadas series por las diestras. Alma caliente, valor innato y figura vertical para culminar con los aceros lo que fueron altos vuelos, y fueron dos, que no se diluyeron por lo que vino después cuando le faltó celo a ‘Mandadero’ y tuvo asperosa embestida que no permitió brillar.

Ya en el paseíllo había salido un tío con rostro serio al ruedo empeñado en espantar los males. Ése fue Miguel Ángel, que lleva innata la verdad y el valor que superan obstáculos. Un Perera que sigue construyendo toreo caro consciente de que la libertad se logra cuando uno tiene el dominio absoluto de sí mismo. Con eso, salió en volandas, porque así, no hay mal que se resiste a quedarse.

La Feria de la Antigua de Guadalajara vería, en la recta final de la temporada, cómo Miguel Ángel cortaba dos orejas de un gran toro de vuelta al ruedo en el arrastre con el hierro de José Vázquez. De ahí partiría de nuevo a tierras galas para hacer frente, en una calurosa mañana septembrina, a una corrida de El Puerto de San Lorenzo en la Feria de la Vendimia de Nimes.

La Feria de San Mateo de Logroño sería testigo de la presencia de Perera el 19 de septiembre, toreando una corrida de El Pilar que no salió con posibilidades y en la que fue silenciado. Su última actuación de la temporada española tendría lugar donde todas las figuras del toreo acaban temporada: en la Feria del Pilar de Zaragoza. Y con una oreja de un sobrero de La Palmosilla finiquitó campaña Perera. Una campaña de menos a más en la que todos los aficionados vieron su evolución y la capacidad para mandar que tiene en el sistema.

Escrito por CULTORO

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