Jueves 27 de Abril | 17:50 hs

INSTANTES EN EL TIEMPO

El viejo torero

El viejo torero

Comentemos una historia que quizá ya no es tan común como lo fue en otro tiempo pero que quizá siga viva en la mente de no pocos aficionados. Es la historia de una afición, es un relato sencillo pero lleno de ternura y poesía, y del romanticismo con el que sólo un viejo colmado de tiempo y aventura le habla a un nieto que mira con los ojos abiertos de par en par, mientras éste siente la seguridad y la grandeza de un hombre que no se quiere dejar acabar.

.- Yo fui torero, chaval...Nunca lo olvides

Ambos están a los pies de una plaza ya vieja y algo destartalada mientras se refugian del invierno en esos muros que guardan historias de glorias y leyendas, de tragedias y fracasos, de gestas que evocan a toreros geniales que vivieron vestidos de luces tardes que tampoco podrán olvidar.

El niño lo mira deslumbrado e inquieto y sigue atado a su mano para no dejarlo ir. Sabe que esa es la historia que nunca se cansa de contar, la de aquella tarde en la que sintió el poder  sobre sus manos cuando una fiera negra lo quería matar.

.- Cuéntamelo otra vez abuelo. Por favor cuéntalo. Nunca me canso de escucharlo.

.- Otra vez no. Ya es tiempo de regresar.

.- Por favor abuelo, sólo una vez más...

El viejo se yergue sobre su figura. Aún le queda parte de aquel orgullo reservado a los héroes y a muy pocos mortales más. Se recompone, se siente y empieza a narrar...

.- Yo toreé tras esos muros que ya tienen tanto tiempo y aventura como yo. Y viví la misteriosa gracia-de-dios que diluye su bohemia por capricho en una imprevisible tarde de toros que guardo en lo más hondo de mi corazón. Tú me entiendes, ¿verdad hijo?

.- Abuelo, no.

El viejo, lento, cansado encuentra un trapo y con la yema de los dedos, con la suavidad del que ama, comienza a torear.

.- Mírame hijo. Así venía el animal y le di un natural, y otro y otro más, y una trincherilla que hizo remover sus almas. Yo lo noté. ¡Cómo rugía la plaza!. No te haces idea de cómo sentía esa gente, de esos oles roncos que yo notaba salidos de sus entrañas. Aquella tarde fue muy grande, hijo. Quizá ahora nadie lo creería.

El crío mira atento y extasiado. El abuelo sigue hablando.

.-Te lo voy a explicar porque esto es lo más grande que nunca sintió mi corazón. Yo le vi los ojos a la muerte y de ella me reí. Con esto sólo, no te equivoques chaval. Yo me sentí el hombre más grande del mundo cuando giraba alrededor de esa vieja zorra que quizá ahora me ronda y de la que seguro no voy a poder escapar.

El viejo sigue acariciando con naturales hondos la mirada del niño al lado de unos muros viejos y llenos de surcos como él. 75 años no es poco tiempo para los dos. Nacieron allá por 1935 y ya cuesta explicar y cuesta recordar. Pesa el ánimo aunque esa bohemia que le hizo removerse el alma en otro tiempo aún le hace temblar

.- Pasaste miedo abuelo.

.- No, quizá al entrar

.- Dice papá que los toreros lo tienen pero lo saben vencer.

Se hace el silencio. Unos segundos después, con lagrimas en los ojos, el viejo dice...

.- Aquí se muere de verdad. El miedo es serio y verdadero, pero también la sabiduría, y el valor, y la belleza y la entrega a una pasión... Porque el toreo te pone ante tus ojos incrédulos la esencia misma del hombre y su condición terrenal, y te hace dios y te muestra al mundo tal cual es en la embestida de una fiera enloquecida apaciguada en los vuelos de un simple natural.

.- Abuelo, eso no lo entiendo.

.- Hablaba para mi, hijo. Los toreros somos gente rara.

.- Abuelo, ¿Por eso te llaman Juncal?

Comentarios
CULTORO PROYECTA SL Contacto Publicidad Aviso legal Política cookies
Calle Platerías número 41, Colmenar Viejo 28770 - Madrid - España - redaccion@cultoro.com
Desarrollado por: CMS Peridicos