Domingo 26 de Febrero | 20:09 hs

ESCUELA DE TAUROMAQUIA

La suerte de varas

Tercio vital en el pasado, hoy tan denostado como mal entendido

La suerte de varas

El tercio de varas, el que fuera en tiempos pretéritos la base fundamental de la tauromaquia, supone hoy en día un trámite tan denostado como mal entendido.

El principal significado de esta suerte es la de ahormar la embestida del animal para su posterior juego en la muleta, además de enseñar su comportamiento, cualidades y aptitudes.

Un tercio bien ejecutado, supondrá dar importancia a que todos los actuantes (toreros, picadores y toro) estén colocados en su lugar correspondiente. A partir de ese momento, se pondrá al toro en suerte al caballo correspondiente (el que se encuentre frente a la puerta de toriles) y a una distancia no muy larga.

 

El picador buscará la atención del toro para que éste se arranque, dando los pechos del caballo y antes de que golpee el peto le montará la vara en el morrillo.

La colocación de la puya es importante, ya que puede ocasionar lesiones si cae demasiado baja o trasera, y que dificultarán el comportamiento del animal en la muleta.

Cite para el primer encuentro. El picador da los pechos del caballo y el toro está dispuesto a una distancia no muy larga.
Cite para el primer encuentro. El picador da los pechos del caballo y el toro está dispuesto a una distancia no muy larga.

Si la labor se hace ordenada, calibrada y sin abusos, y siempre y cuando la condición del toro lo permita, se volverá a colocar en suerte para un segundo puyazo, donde ahora el toro será dispuesto a una distancia mayor.

Solo en algunas plazas, las de primera categoría, queda obligado un segundo encuentro, pero si la lidia lo permite, ver al toro al menos dos veces en el caballo supone un aliciente para mayor esplendor del espectáculo y una forma de visualizar el verdadero comportamiento de la res.

Para muchos aficionados, que un toro se arranque de lejos y varias veces es motivo para cantar la bravura del toro, pero nada más lejos de la realidad este lance desgrana muchos matices.

 

El bravo deberá de ser pronto al cite del picador, aun cuando se le ha colocado gradualmente en un lugar más distante. Fijeza, salir al galope y por derecho son aspectos que denotan bravura. El toro que prueba, se lo piensa, desparrama la vista o va a trote, o si escarba, no, por muy de lejos que se arranque.

En la lucha con el caballo, el bravo mete la cara abajo y se queda en el peto sin cabecear, empuja metiendo los riñones con idéntica intensidad en todo el puyazo e incluso romanea, mejor si quiere llevarse al caballo un poco hacia fuera que hacia los adentros, y mantiene este comportamiento mientras siente la puya. El que no es bravo echa la cara arriba para defenderse, tira tarascadas, empuja a oleadas y, si tiene fuerza, aprieta hacia la querencia de tablas, empeorando en la medida que siente más el castigo.

Cite para el segundo encuentro. El picador da los pechos del caballo y el toro está dispuesto a una distancia mayor que cuando se colocó para el primero.
Cite para el segundo encuentro. El picador da los pechos del caballo y el toro está dispuesto a una distancia mayor que cuando se colocó para el primero.

A la hora de terminar y salir de la suerte, el bravo se encela debajo del peto y no se va hasta que lo sacan. El manso sale suelto, lo cual puede tener varias graduaciones de malo a peor: se sale sin aspavientos, vuelve la cara, huye y pega coces. Cuanto más acusados son estos malos síntomas, pueden indicar que incluso el toro se ha rajado.

La suerte de varas es una pieza importante de la lidia, pero no la única. El toro bravo tiene que demostrar que lo es también en los siguientes tercios: si va a menos, se defiende, se queda corto, saca sentido, es bronco o se aploma (cuando esto último no se debe a un exceso de castigo), de bravo no tiene nada. El bravo de verdad lo es en todos los tercios y, sobre todo, lo será si va a más a lo largo de la lidia, porque la embestida en la muleta con entrega y por derecho implica un gran quebranto físico para el animal, y si pelea así, aunque hubiera remoloneado en los primeros tercios, hay un fondo de bravura clarísimo.

Negar esta evidencia es negar la evolución de la tauromaquia desde hace más de un siglo, dado que la bravura de un toro se mide y regula en el caballo, pero debe de ser extensible a su juego en la muleta hasta el final.

Un puyazo bien ejecutado, implica montar la vara en el morrillo del toro antes de que la res golpee el peto. Esto supone llevarlo "toreado" y "templado" en el encuentro
Un puyazo bien ejecutado, implica montar la vara en el morrillo del toro antes de que la res golpee el peto. Esto supone llevarlo "toreado" y "templado" en el encuentro
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