Jueves 27 de Abril | 17:49 hs

ESCUELA DE TAUROMAQUIA

La verónica

La verónica

En sus inicios fue un lance totalmente dado de frente, un recurso para evitar la embestida del toro al cuerpo, tapándose con el incipiente capote. Tomó el nombre, como muchos aficionados saben, de la imagen de la mujer que enjugó el rostro de Cristo, que enseña, así de frente, dicho rostro dibujado en el lienzo.

Llegado el toro a jurisdicción es de suponer que el torero haría una especie de quiebro y manejaría el capote de un modo similar, aunque más rudimentario, que la chicuelina actual.

La verónica, que ya practicaba Costillares, fue perfeccionándose con Pepe Hillo y Paquiro, hasta que El Guerra, ejecutándola de medio perfil y jugando los brazos, le dio un mayor sentido artístico.

Hoy es lance fundamental del primer tercio, armonía de técnica y sentimiento que va encauzando el brío del toro reciente de chiqueros.

Pero dejemos a Cesar Jalón "Clarito", crítico taurino de la mitad del siglo anterior,  que lo explique: "Los públicos papanatescos de la potsfiesta sabrán poco a nada de la gloria torera del capote; de esa gracia de recibir al toro recién saltado al ruedo, todo ímpetu y fiereza, coserlo a la tela de la capa y, conjugando la marcha cadenciosa de los brazos y el quiebro de la cintura, llevarlo y traerlo uncido al ala de color. Poco o nada sabrán los achicuelinados espectadores de la tauromaquia del capote que, merced al precepto belmontino, suaviza –templa– al toro de la aspereza de su primera embestida y consigue –dije una vez del capote de Márquez– que entre huracán y salga brisa, entre león y salga cordero, entre loco y salga cuerdo."

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