Domingo 24 de Septiembre | 22:11 hs

JUAN DIEGO MADUEÑO
EN EL SITIO

Canorea sonríe

La crisis de La Maestranza ha desnudado al taurino de máscaras convirtiendo la impostura en trinchera desde donde el toreo

Canorea sonríe

La crisis de La Maestranza ha desnudado al taurino de máscaras convirtiendo la impostura en trinchera desde donde el toreo, tras la negación de Morante, se dispara reproches y medias verdades. En medio vive la Sevilla taurina, en el punto ciego donde va a parar toda la mierda, pisando un cadalso viscoso: los aficionados, una temporada más, ven rotas sus ilusiones de asistir a una feria de primer nivel y los más cercanos a la empresa sienten la fragilidad de todo ese imperio construido durante largos años mediante favores, silencios y exclusivas; con un punto entrañable en su corrupción por evidente: lo difícil era obviarla.

Los hechos presentan un modelo caduco, incapaz de ofrecer nada más, enganchado al retrovisor. Pero el provincialismo extremo impide mirar hacia delante. Una situación que roza la tragedia en un momento de especial debilidad para el toreo. Aún así, hay ciertas cosas que no dejan de tener su gracia. Como el jueves, cuando el ABC de Sevilla propuso un divertido juego en su portada. Si uno se concentraba fuerte sobre aquel titular durante un rato, y acto seguido fijaba la vista sobre la pared, se dibujaba ahí mismo la cara de Canorea regalando una amplia sonrisa al lector que, sorprendido, revivía la mítica escena de Jurasic Park donde el gordito huye con el botín y sus carcajadas resuenan en los ordenadores: "Jajajáa, jajajáa”. Nosotros no tenemos ni una huida que echarnos a la boca, ni una lluvia torrencial que emborrone tanta sorna, ni un gesto de la propiedad persiguiendo al gestor mediocre incapaz de organizar la feria a la que no quiere faltar nadie. Pero la esencia está: alguien se ríe descaradamente mientras fastidia algo sobresaliente.

Como todo en este sector ha de ser complicado, quién sabe si Pagés pone trabas a sus propias negociaciones para dar algo de emoción al diseño de unos carteles donde, a tenor de la última decisión, lo más difícil es elegir qué los ilustra. El surrealismo ha llegado hasta tal punto, que la FIT, flamante empresa y comprometida unión por el futuro del toreo, ha llegado a construir un comunicado donde desmiente su interés por La Maestranza. Acojona en cierto modo la ironía en la que vive la tauromaquia: cómo la agrupación de empresarios más poderosa y capaz de los últimos años niega cualquier intención de optar por uno de los emblemas del sistema taurino. Parece increíble haber llegado hasta el año 2015 casi incólumes.

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