Jueves 19 de Octubre | 02:58 hs

JUAN DIEGO MADUEÑO
EN EL SITIO

Victoria, a pesar de todo

Victoria, a pesar de todo

"En un pleno histórico, lleno hasta la bandera y almidonado con una gran expectación, Cataluña se ha lanzado a la historia”. Así describía la periodista Eva Belmonte, en su crónica para El Mundo del 28 de julio de 2010, el momento justo en que el Parlament votó a favor de prohibir los toros en esa comunidad autónoma. "Se ha lanzado a la historia”. No se sabe de qué manera: si la historia es un muro contra el que estrellarse o puede todo un pueblo deslizarse hacia ella como el convicto de Cadena Perpetua, a través de un tubería llena de mierda. Desde luego, la diferencia entre uno y otros es notable –sobre todo en la intención- pero sirve la comparación para ilustrar el elevado grado de torpeza mostrado por los representantes públicos catalanes. A la historia, como a casi todo, se va duchado de casa.

Eran fechas inundadas por una sensación de luto, un entierro a flor de piel. Viví con impotencia desde Italia el consumado atraco popular tras la celebración de la última corrida de toros en la Monumental. Desde la distancia se palpaba la crudeza, una vez se arrastró el último toro que murió dignamente en Cataluña, con las imágenes que llegaban de los aficionados reunidos en el albero, solos, huérfanos. Buscándose a sí mismos en los ecos apagados de las localidades vacías. Palpándose las ropas mojadas por una dignidad sangrante; sacudiéndose el tiro en la nuca recibido como colectivo. Es curioso, en tiempos de paz el nacionalismo sigue matando en España, coartando vidas, amputando libertades: es el único rincón del mundo, este, donde se busca libertad asesinándola primero.

Me acuerdo ahora de todo aquello tras ver las imágenes de la resistencia, del III Congreso Taurino de Cataluña celebrado en L’Hospitalet del Llobregat. Incluso en las trincheras de su afición, todas esas personas han tenido que soportar la intolerancia, el desprecio y odio de unos cuantos obcecados en imponer sus ideas. Nunca es suficiente para el fascista. Una lucha en la que sostener una muleta o un capote se ha convertido en un acto mayor de libertad que ondear una estelada. Prohibir es dar valor a algo, temer hasta tal punto su fuerza que sea necesario apartarlo. Por eso vencimos aquellos días.

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