Domingo 26 de Febrero | 20:10 hs

EN EL SITIO

La vuelta de Jesulín

La vuelta de Jesulín

Ahora que vuelve Jesulín y he visto a Fran Rivera abriendo un cartel en la feria de Castellón, entiendo por fin la película Interestellar: el tiempo es tan relativo que no transcurre (el toreo es el horizonte de sucesos de la actualidad, sólo hace falta situarse en su borde para perpetuarse en el pasado). Volvemos a vivir los salvajes noventa, sin tantos andamios, con unos tipos empeñados en taponar cualquier vía de refresco. Está claro que la pregonada quiebra empresarial es de ideas. De una pereza intelectual que mantiene a nuestra casta sumida en la apatía de hacer algo novedoso, fresco, revolucionario, atrayente. A lo peor nos merecemos que caigan sobre sus cimientos todas las plazas de toros, desaparezcan todas las escuelas taurinas, se pierdan en el matadero todas las ganaderías y cierren sus negocios todos los sastres para resetear un arte que constituye la quinta esencia de la espontaneidad: el pogromo sostenido por algunos empresarios contra lo que les da de comer tendrá ese resultado a través de terceros; mejor si lo proponemos desde dentro devolviendo la tauromaquia a los orígenes para su refundación.

Si cada año, y tras el tradicional desencanto de principio de temporada, el aficionado necesita una mayor fuerza de voluntad para sentarse en un tendido piense entonces, moderado lector, en el milagro de la tenacidad de algunos coletas cuando llega la primavera y tienen la faltriquera vacía de contratos. Para ellos, el invierno nunca acaba. Es extraordinaria esa lucha por sobreponerse a las ferias de laboratorio y encontrar el hueco donde situarse. E inexplicable la existencia de una segunda fila de toreros cuando no cuentan con ellos nunca, sólo para hacer campaña contra los principales (fue obsceno ver a Pagés así el año anterior). Si decidieran desistir no cabría reprocharles nada, más bien merecerían el Príncipe de Asturias de la Concordia, el Nobel de la Paz y la Medalla de las Bellas Artes a su infinita paciencia por aguantar las ganas de saltar al cuello de los empresarios cuando después de tanto esfuerzo aparece en los primeros carteles de la temporada alguien que ha estado fuera de la profesión dos años completos. Un minuto de silencio por ellos.

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