Martes 25 de Abril | 17:27 hs

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Festejos menores

Festejos menores

Escribía Zabala de la Serna hace un par de días sobre los festejos populares en un texto titulado 'El Toro de Fuego me asquea', expresando, basta con leer el título, claramente su posición respecto a esa tauromaquia. Entiendo a la perfección lo que quiere decir y comparto la idea de marcar una línea roja que diferencie claramente entre el espectáculo taurino de la plaza y el que ocurre fuera, en la calle: prefiero ver a un toro embestir a la muleta que con los pitones incendiados al igual que para mi es preferible una media verónica de Morante a otra de Javier Castaño. Aun así, el esfuerzo por establecer una separación es vacuo. Está marcado por las propias manifestaciones, tan distintas entre sí. Tampoco hay que dejarse llevar por la corriente anti, que todo lo simplifica. Nuestra defensa debe ser inteligente.

Seguramente el festejo popular sea un vivero de futuros aficionados a las corridas de toros. El empujón con el que, pasados algunos años, acercarse a las taquillas y sentarse en un tendido. Por eso lo que me chirría es esa actitud de urgencia por quemar naves y arrojar lastre. No podemos ser antitaurinos de nosotros mismos. Los nuevos tiempos obligan a los aficionados –me incluyo- acostumbrados hasta ahora a vivir en blanco y negro. Pero no por ello hay que compartir barco con el Pacma y atizar a los festejos menores para salvar nuestro culo. Siguiendo la teoría de Viard, que el propio Vicente esboza en el citado texto, cuando nos demos cuenta tendrán el toreo en el punto de mira y habremos hecho parte de su trabajo. No me gusta el toro de la Vega, no me gusta el toro de fuego, pero ahí está, existe, y el tiempo dirá si perdura o no. No los antitaurinos, ni mucho menos, por coherencia, los taurinos.

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