Martes 19 de Septiembre | 14:27 hs

EN EL SITIO

Ser torero

Ser torero

La fotografía de Manzanares que presidía su propia capilla ardiente era la viva imagen de un torero. Allí, sentado, con la mirada fija al frente, el ceño un poco fruncido y el capote de paseo sin liar, lo era más que cualquier otro dando el natural de su vida en Las Ventas. José María Manzanares tenía una cualidad en peligro de extinción: transformaba el oxígeno, entre calada y calada, en torería; a través de una fotosíntesis que se echa de menos en tiempos de sobreproducción de profesionales, desprendía solera por cada poro. Exportaba desinteresadamente el secreto de la tauromaquia. Llenaba los tanques de reservas de ese material perceptible pero intocable. Carísimo, pero que no se compra ni se vende. Eso justificaba muchas cosas. Con verlo estar, andar o fumar era suficiente para comprender que se es torero porque sí. Un patrimonio exclusivo de algunos coletas que viene a decirnos que quien se viste de luces es alguien especial. El aforismo clásico de que para ser torero hay que parecerlo queda hecho trizas: él directamente lo era, otros lo parecían.

La muerte, dijo Juncal, y se confirma estos días, está al servicio de los toreros para darles inmortalidad y gloria. La muerte, tan igualitaria en todos los estamentos de la vida, ofrece un último privilegio a quien juega con ella durante toda la existencia. Como compañeros de vida, el final ofrece a Manzanares vivir para siempre. En el recuerdo, en la gloria de las pupilas de todos los aficionados que lo vieron. Se ha ido la persona, se queda el torero.

Comentarios
CULTORO PROYECTA SL Contacto Publicidad Aviso legal Política cookies
Calle Platerías número 41, Colmenar Viejo 28770 - Madrid - España - redaccion@cultoro.com
Desarrollado por: CMS Peridicos