Jueves 27 de Abril | 17:49 hs

MARCO A. HIERRO
AL NATURAL

La revolución de los imberbes

Tres figuras consagradas pisaban el albero de Sevilla como si de ello dependiese su pan de mañana; la revolución de los imberbes le hace bien al toreo

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La revolución de los imberbes

Tres figurones del toreo con la actitud de tres modestos que deben ganarse las lentejas muletazo a muletazo. Esa es la película que vio Sevilla en el primer 'no hay billetes' del abono continuado. Esa es la película que va a repetirse en todas las ferias de primera que existen en el toreo. ¿El motivo? No es uno sólo. Pero si me preguntan por el más importante, diré que ya nota el toreo la revolución de los imberbes.

La noticia no puede ser mejor para el toreo, para el aficionado y para el futuro de la fiesta, que no necesita en absoluto del inmovilismo tradicional del sector y los protas. El grupo de imberbes descarados y ambiciosos que han asaltado el poder han provocado -entre otros motivos- un manojo de verónicas monumentales de Morante en su segunda tarde, en la que la responsabilidad, el orgullo y la vergüenza torera alinearon los planetas para dejar cincelada una media -otra más en Sevilla- de absoluta antología. Es verdad que a punto estuvo de dejarse otro vivo, pero pesó mucho más la manera de enterrarse, de cimbrear una cintura que no aparenta tener tanto juego, de meter el mentón al pecho y de morirse buscando un natural. Por eso ganó el toreo.

Provocó, la mentada revolución, que dos tíos con casi todo demostrados se fueran a humillar de hinojos al altar de los sustos, donde se van los humildes para mostrar su intención. El Juli se fue a la puerta en el quinto y el sexto se encontró a Perera en el mismo lugar. Después llegaría el poder de uno, el temple del otro; la sapiencia del primero, la suavidad del segundo; la ambiciosa capacidad del madrileño, la vertical y valerosa quietud del extremeño. Uno le exprimió virtudes al que más duró de los cuatro de Victoriano; el otro le aceptó la querencia al rajado de Cortés para reventarlo en su terreno sin quitarle la muleta del morro. Sólidos los dos. Macizos.

Tres figuras, tres, como si anunciase sus servicios un cartel de los antiguos. Tres figuras con la hierba en la boca que suman entre los tres casi cincuenta temporadas con la borla. Tuvo que llegar la revolución de los imberbes, tuvo que llegar el regreso a Sevilla, tuvo que vivir el toreo el momento actual para hacernos creer que hay horizonte. Y que mañana -que debuta Roca Rey- volverá a salir el sol.

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