Lunes 27 de Marzo | 03:55 hs

MARCO A. HIERRO
AL NATURAL

Iradier no se negocia... o no debería

El toreo no puede permitirse que se escurra otra plaza entre los dedos por incomparecencia

Iradier no se negocia... o no debería

Basta una mirada alrededor, y fuera del ombligo que nos ha condenado tantas veces, para saber que las trabas del Ayuntamiento de Vitoria en la concesión del coso de Iradier suponen el nuevo escenario de combate ante la cerrazón antitaurina. No se prohíbe porque no se tiene base, pero se ponen palos en los radios de las ruedas porque eso no hay Tribunal que lo desmonte. Así de simple. Así de crudo.

Hace un mes escaso que nos felicitábamos y dábamos palmaditas en los hombros por la reapertura de la Santamaría bogoteña, por el desahucio de la prohibición taurómaca en Cataluña y por la llegada de la Ley a nuestro bando. Porque sí, no le den más vueltas: aquí hay dos bandos diferenciados y definidos por la crudeza y la virulencia de los ataques en esa toilete celebérrima y ultraponderada en que se han convertido las redes sociales. Y creo firmemente que la clave de los argumentos está en la palabra LIBERTAD.

Pero se vuelve espúrea y hasta barriobajera la lid cuando se esconde Vitoria -donde ya saben que es ilegal cualquier consulta sobre la materia- tras la celosía intrincada y cerúlea de la legalidad. Trata el Consistorio de bucear en sus resortes para imponer su voluntad. Y lo hace por donde más le duele al toreo: por la cartera. Es allí a donde dirige los dardos de un pliego de condiciones que el próximo día 7 -el miércoles que viene- dejará a Vitoria sin toros. Porque no es previsible que la industria se saque el mismo as de la manga que se sacó con Las Ventas. Iradier, claro, no es La Moncloa del toreo...

Pero Iradier no se negocia. O al menos no debería negociarse. Porque dejar sin empresario a Vitoria el miércoles supondrá dejar en el alero de las decisiones políticas el futuro de otra plaza. Y no puede el toreo permitirse perder ni una más. Iradier no se negocia porque a estas alturas del cuento es otra isla de Iwo Jima, otra colina de la Hamburguesa, otro Gibraltar (este sí, español) por el que jugarnos el cuero. Iradier no se negocia porque, de perderse, volverían atrás los pasos ya adelantados. Con lo que cuesta avanzar uno solo...

Y, sin embargo, no hay un Zorro, un Superman, un Mortadelo o un loco que apueste por Iradier. No hay una respuesta común o al menos unida de los organismos que ahora se afanan por defender la Tauromaquia. Puede entenderse -y es verdad- que la decisión de acudir o no al concurso convocado es potestad privada de los empresarios, y que es su dinero el que debe ponerse en juego, pero sufrirá el toreo en su conjunto las consecuencias por incomparecencia de sus miembros. Y así, quedará sin empresario el miércoles y al albur de la decisión de los mismos que lo han puesto prohibitivo. ¿Cree alguien de verdad que el Ayuntamiento corregirá el pliego? El día 7 me lo cuentan...

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