Domingo 17 de Diciembre | 18:31 hs

MARCO A. HIERRO
AL NATURAL

Querido Yiyo

Te escribo desde Colmenar Viejo, la última tierra que pisaron tus pies antes de que la muerte escribiera tu leyenda, la leyenda que no tuvieron tiempo de escribir tus muñecas

Querido Yiyo
Te escribo desde la distancia del tiempo, que son 30 hoy los veranos que han pasado desde aquel 30 de agosto en que se tiñó de negro tu porvenir multicolor.
 
Te fuiste joven y cándido aún, convencido de que nadie podría nublar el futuro del toreo que amabas y por el que diste vida y obra. Te fuiste tras haber conocido la dureza de los comienzos y apenas rozado la gloria que siempre soñaste. Te fuiste Príncipe del Toreo, pensando que jamás se acabaría la ilusión de un niño por alcanzar su sueño de figura en ciernes. Pues, Yiyo, aún se dan novilladas, como en tu época, pero los chavales se encuentran ahora con los recortes de las diferentes crisis, que siempre afectan a inversiones y se apuesta a ganancia segura y diaria. Entre los que en el toreo mandan han cambiado pocas cosas. Algunos continúan al pie del cañón, casi como tú los dejaste. Más viejos, más resabiados, pero en el gobierno de este negocio, que les viene un poco grande cuando los problemas de ayer se convierten en los de mañana, ahora que ya no vale el parche de lona en la tabla cuando el barco hace aguas.

Es que no te lo vas a creer, pero durante los últimos seis años habían desaparecido las corridas televisadas de la tele que pagamos todos. Como te lo cuento, Yiyo. De locos. Todos los sectores tragaron con el gueto de un canal de pago. Canal Plus se llama, Yiyo. Lo comanda Molés, el de Revista de Toros. Los que mandan se cegaron con el dinerito fresco que pagaba el canal. Solo Enrique Martín Arranz, sí, sí, Enrique el de la Escuela, se dio cuenta del mal que traía el dinero fácil. Enrique, figura como apoderado con su Joselito, con Lentejita, dijo que nones al gueto televisivo. Bueno, pues Molés, el que trabajaba con Mariví Romero, es aún capitán de esto a sus setentaytantos tacos. 

Fueron las figuras, que primero se agruparon bajo el nombre de G10, luego del G5 y luego del café negro para casi todos, las que lograron la vuelta de los toros a La Primera. Y el paso del sector del Ministerio de Interior al de Cultura, algo por lo que ya abogabais vosotros y se ha culminado cuando alguien ha decidido que hay que trabajar de forma seria. Otro día te cuento las zancadillas que han puesto a todo esto los que gobiernan el tinglado. Hoy es día de aniversario, y prefiero brindar contigo que contarte penas.

Es cierto que ya nada se sabe de algunos de los que a ti te contrataron, y poco quieren saber los Balañá de este negocio que fue, poco a poco, quedando en manos de sus delfines. Sobresale ahora el nieto de don Teodoro e hijo de Teodoro, Antonio, Toño para todos. Era un niño cuando tú te fuiste, Yiyo, pero todo un pez gordo pasados treinta años. Dicen que cerca del 90% de los festejos que se celebran en España y Francia pasan por sus manos, y no me extraña, porque es un rato inteligente y tiene una capacidad enorme para trabajar, aunque no siempre coincida el interés del toreo con el suyo propio. Nos pasa a todos. O casi todos...

Toreros como Padilla, El Fandi, Manzanares –tenías que ver torear al niño de Manzanares...-, y hasta Francisco Rivera y El Cordobés están en todas las ferias gracias a él. Si hasta ha llegado a la empresa de Madrid en alianza con José Antonio Choperita, no te digo más. Sí, sí José Antonio, que todavía sigue dando su guerra.

Por lo demás, en el ruedo cambian pocas cosas. Los toreros se siguen jugando la vida aunque los cuatro de siempre convencieran a otros cuatro de que son borregas lo que se pasa uno por la bragueta. El toro apenas se cae, aunque los de siempre no lo quieran ver. Cómo me hubiera gustado verte ahora, Yiyo.

En fin, José. Que confío en que sea verdad eso de pasar a mejor vida. Y que, si puedes echarnos una manita, allá donde te encuentres, te lo agradeceremos todos porque te lo agradecerá la fiesta. Tú que se lo diste todo, hasta la vida, dale ahora un poco de amparo, que falta le hace.

Un abrazo, torero. Se te extraña...


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