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Origen del toreo en Cataluña

Que la tauromaquia tuvo gran predicamento y respeto de las autoridades catalanas a lo largo de la historia es un hecho incuestionable.
martes, 13 de febrero de 2018 · 00:00

FRANCISCO BELMONTE

Que la fiesta de los toros existía mucho antes de que Franco llegara al poder, como algunos no quieren creer, y que la tauromaquia tuvo gran predicamento y respeto de las autoridades catalanas a lo largo de la historia es un hecho incuestionable que queda acreditado en las páginas 367, 368 y 369 del tomo VII del Manual de Novells Ardits,  en las que se reseña la crónica de varios festejos, algunos de tantos en ese tiempo y aún antes, de los que acontecieron en la Barcelona, hoy antitaurina, de 1601. Y es que el toreo no fue ajeno en Cataluña al devenir de España. La misma cultura, las mismas tradiciones, los mismos usos, de ahí la celebración de estos juegos de toros de los que eran protagonistas a caballo la nobleza, origen y germen del toreo actual.

En esta ocasión, la corrida se celebró en Barcelona con motivo del nacimiento de la Infanta Ana María Mauricia, hija de Felipe II y más tarde reina de Francia. El texto, traducido al castellano por Ramón Comas dice así:

“1601 –Diciembre- -Domingo 2- En tal día los señores diputados del presente Principado de Cataluña, queriendo celebrar la natividad de la Princesa han hecho construir un muy grande cercado de madera entre la casa del General y la Sala de las Armas de esta ciudad, que desde la calle corrida va de la dicha casa del general a la Aduanas, que está cerca de la Puerta del Mar y allí han hecho levantar un pabellón y un palenque para poder justar los caballeros...

Próximo a la Sala de Armas se colocó una galería tapizada, donde estaban muy bien acomodadas las damas que se presentaron ricamente ataviadas y en la otra parte opuesta del circo, hacia la parte de la Generalitat –Casa del General- se arregló un catafalco espacioso y otra galería en la que se colocaron también muchas damas y caballeros. El Excelentísimo  Señor Duque de Feria presenció la fiesta desde el balcón de la citada Casa de Armas y los señors Consellers desde las ventanas de la segunda sala; es a saber:el Conseller en Cap y el segundo en una, y los tercero, cuarto y quinto en otra siguiente. Y los señores diputados contemplaron el espectáculo desde una ventana que tenía vista hacia la repetida sala de armas de la ciudad... 

-Lunes 3- En este día los señores diputados queriendo continuar el regocijo, alegría y contento por dicho natalicio de la Princesa, hicieron correr toros que a sus expensas se habían traído a la ciudad. Venidos los señores Consellers a la Sala de Armas y sentados en las ventanas que tenían destinadas como el día anterior mandaron soltar uno de los toros que estaban reservados en un lugar entre los referidos catafalco y galería contiguos a la repetida Casa del General –Generalitat- y comenzó a correr por la plaza sin causar daño a nadie y luego fue desjarretado y muerto. Después apareció otro y recorrido que hubo el redondel, también fue muerto... En aquel instante penetró en la plaza o cercado, un caballero llamado don Pedro Vila y de Clasquerí, a caballo, a la jineta con cuatro lacayos, cada uno con dos lanzas y una vez hecho el acatamiento debido al señor lugarteniente, y a los Consellers y diputados, soltaron otro toro que recorrió la plaza acometiendo al dicho Vila y éste defendiéndose con la lanza...”

Existen muchos más ejemplos de la gran afición que por la tauromaquia hubo desde los orígenes mismos del espectáculo en Cataluña. La plaza Palacio o la del Born también fueron escenario de estos festejos. Incluso hay constancia documental de los celebrados el 17 de diciembre de 1629 y los días 13 y 14 de enero de 1677. El espectáculo fue teniendo arraigo también en el pueblo, como en el resto de España, y después ya son incontables las corridas que se han ido celebrando en Cataluña hasta conseguir celebrar toros en tres plazas a la vez en Barcelona, un hito histórico en ningún otro sitio conseguido. Hoy, los nacionalistas, prohíben una tradición ajena a Cataluña, dicen. Contra la mentira, sólo cabe la lectura y la constatación de hechos.