Martes 25 de Julio | 15:55 hs

CONTRAQUERENCIA

Eso que no venden en el Corte Inglés

La frase la he escuchado miles de veces desde que crucé el charco hace poco más de una década y hoy sí que ha cobrado sentido

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Eso que no venden en el Corte Inglés

DAVID JARAMILLO

La frase la he escuchado miles de veces desde que crucé el charco hace poco más de una década y hoy sí que ha cobrado sentido. Porque muchas cosas se pueden adquirir en la vida, a base de conocimiento, condicionamiento, repetición o simplemente de voluntad, pero lo que hoy se vio en la removida arena de Madrid sólo se trae de serie. Lo tienes o no (punto). No hay manera de adquirirlo, porque si lo buscas se convierte en pose, y eso, precisamente, es su negación. Hablo de verdad, de sinceridad. Porque se podrán decir muchas cosas de cada uno de los toreros y podemos encasillarlos como queramos (los aficionados a los toros, por antonomasia, somos mucho más aficionados a poner etiquetas), pero hoy no podemos negar una verdad como un puño y es que vimos la verdad desnuda del toreo.

Quizás más eclipsada en Juan del Álamo por la condición de sus toros y porque su técnica es más depurada, aunque a la vez sincera, pero elevada a su máxima expresión en un Fortes que nunca aprendió a taparse, aunque muchos se lo hayan recomendado para poder "funcionar” en esto. Lo del malagueño simplemente brota. Lo suyo es echar raíces en la arena, ahí, donde embisten hasta los toros de peluche, y jugar los vuelos de la muleta cómo de niño soñaba hacerlo a ese toro imaginario que, de tan bueno, nunca sale. Por eso, cuando los pitones le quieren arrancar la corbata de un navajazo, él se planta con más fe, si cabe, convencido de que, si el toro tiene un único gen de bravura, este le hará recapacitar para meter la cabeza y ceder ante la verdad de su propuesta. Otra cosa son los matices de su toreo, que si los toques, las alturas, distancias o terrenos… Y si el muletazo es limpio, largo y despacioso. Él persigue el mejor que el toro tenga, pero siempre desde la verdad de su colocación y de su ejecución.

Igual pasa con Román. El valenciano tendrá virtudes y defectos como cualquiera, pero nadie puede dudar nunca de que cuando se viste de luces, él sale a darlo todo. Lo ha demostrado tarde a tarde, no sólo en este San Isidro. Lo suyo es la sinceridad desnuda. Román no tira la moneda al aire sencillamente porque no la tiene y, si la tuviera, llevaría dos caras. Sí o sí. Su ambición es pura, limpia, tan descarada como su personalidad. Por eso no deja indiferente a nadie. Y le saldrán las cosas como le tengan que salir, pero cuando uno como aficionado ve que en el ruedo hay alguien que lo entrega todo, solo puede desear que le salgan de la mejor manera. Mis respetos.

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