Martes 25 de Julio | 15:55 hs

VENEZUELA

La ganadería venezolana de La Cruz de Hierro, al matadero

La crisis económica no perdona ningún ámbito en esta Venezuela tan convulsa

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La ganadería venezolana de La Cruz de Hierro, al matadero

RUBÉN DARÍO VILLAFRAZ / VENEZUELA

La crisis económica no perdona ningún ámbito en esta Venezuela tan convulsa. Lo atestigua el aciago momento social que vivimos, como del mismo modo lo acontecido en el lio taurino, donde no se escapa ningún elemento que la integra.

Es el hecho que este pasado lunes, se haya conocido, y luego confirmado en la propia persona de sus propietarios, como es la familia Echenagucia, la decisión de enviar vacas y sementales que conformaban su ganadería de reses bravas, el cual siempre lidió a nombre de La Cruz de Hierro, al aciago destino del matadero, luego de los inasumibles costos que implica en estos momentos la cría del toro bravo en nuestro país, donde cada vez son menos los festejos, además de lo que supone el precio del toro de lidia en la actualidad de cara al empresario en un país donde la fiesta brava aun no sale del descalabro que implica su dependencia casi en su totalidad de la moneda extranjera.

Lo cierto, es que con ello se va –tal y como paso con su hierro hermano como lo fue Los Marañones- una gran parte de la gran historia del toro bravo venezolano, pues no fue menos señalar que fue esta ganadería un referente del tereo en el país, por su imponente presencia y en especial emocionantes tardes que ofreció en las más importantes arenas del país a lo largo de las décadas de los 80’, 90’, 2000 hasta su ultimas presencias en ruedos nacionales, como lo fue en la pasada Feria del Nazareno de Achaguas y en feria de primer nivel, en la pasada Feria de Tovar.

El reto y personal gusto de Don Orlando Echenagucia, y luego su hijo Pedro, llevaron a sembrar en los páramos emeritenses un tipo de toro de gran armonía, característico del encaste Saltillo, vía Garfias, con las que derivó el rumbo este hierro desde 1992, cuando decidió apostar por esta sangre, tras haber iniciado en 1983 con el encaste Santa Coloma vía Los Aranguez, y posteriormente con puro Joaquín Buendía, a través de la implementación de embriones fecundados, siendo los pioneros en este tipo de técnica en el país.

La rica historia de esta ganadería da para largo rato, desde que en los calurosos potreros de El Caimito en Achaguas se dio comienzo a esta aventura que tuvo su sima en los paradisiacos potreros molineros de El Rincón de Los Toros, bella finca en la que se vivieron los mejores momentos tanto para toreros como aficionados en general, así como para sus propietarios. La finca La Escondida sería el último refugio por tratar de salvar una divisa de gran predicamento para el aficionado exigente que lamentablemente se había visto contrariado con lo demostrado en sus últimas presencias, en especial el trapío, factor que siempre cuidó con mimo y celo. Comenzaba hacer mella cuestiones logísticas justificadas en su momento.

En fin, literalmente el toreo venezolano está de luto por esta noticia. Esperemos que solo sea una terrible pesadilla que pronto acabe, para bien de una fiesta brava resentida desde diversos estamentos, más aun del vital como es el del propio toro que nace y crece en este país.

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